Tarjeta de visita

2017-11-28 L’Osservatore Romano

Tan inesperada por el gran número de personas sentadas a los bordes de las calles de Yangon como gentil y festiva en los modos fue la acogida al Papa Francisco, primer Pontífice que visita Myanmar, donde católicos y cristianos son una pequeña minoría. Y clarísimas resonaron sus palabras pronunciadas por sorpresa después del encuentro con un grupo de líderes religiosos en el arzobispado de la ciudad. A ellos Bergoglio expresó en seguida, hablando improvisando en español, la convicción de que la confianza que precisamente las diversas fes, unidas pero no uniformadas, pueden contribuir a través de las propias diferencias a la construcción de la paz y de la armonía.

Casi una tarjeta de visita con la que el huésped, acogido tan gentilmente, se presentó a toda la población. Y que el Papa confirmó alguna hora más tarde en la nueva capital del país, Nay Pyi Taw, rodeada del verde de inmensos bosques, hablando a las autoridades y al cuerpo diplomático después de escuchar el caluroso saludo de la consejera de Estado y ministra de Asuntos exteriores, premiada en 1991 con el premio Nobel de la paz.

Solo pocos meses después de la instauración de normales relaciones diplomáticas entre Myanmar y la Santa Sede al inicio del mayo pasado, el Pontífice explicó el fin de su visita. Y esto es, sobre todo, «rezar con la pequeña pero ferviente comunidad católica de esta nación, para confirmarla en la fe y alentarla a seguir contribuyendo al bien del país». Iglesia pequeña, en la cual por primera vez en 2014 fue celebrada la beatificación de dos mártires, un catequista autóctono y un misionero italiano, mientras que Francisco en 2015 creó el primer cardenal originario del país, Charles Bo, el arzobispo de Yangon que en estos días lo acoge en su casa.

Minoría junto a otras en un país casi totalmente budista, no obstante no pocas dificultades, el catolicismo está comprometido por la edificación de «un orden social justo, reconciliado e inclusivo» aseguró el Papa. En la historia reciente de Myanmar se multiplicaron de hecho los conflictos, que han dejado un pesado legado de divisiones. Así, hoy «la curación de estas heridas ha de ser una prioridad política y espiritual fundamental» recalcó el Pontífice.

Políticamente el «proceso de construir la paz y la reconciliación nacional sólo puede avanzar a través del compromiso con la justicia y el respeto de los derechos humanos» recordó Francisco. Y explicó que esta paz debe estar «basada en el respeto de la dignidad y de los derechos de cada miembro de la sociedad, en el respeto por cada grupo étnico y su identidad, en el respeto por el estado de derecho y un orden democrático que permita a cada individuo y a cada grupo —sin excluir a nadie— ofrecer su contribución legítima al bien común».

Palabras clarísimas, a las cuales el Papa añadió cuánto ya había anticipado a los líderes religiosos con los que se reunió por la mañana en Yangon. Esto es que «las diferencias religiosas no deben ser una fuente de división y desconfianza, sino más bien un impulso para la unidad, el perdón, la tolerancia y una sabia construcción de la nación». Contribuyendo de esta manera a sanar «heridas emocionales, espirituales y psicológicas de todos los que han sufrido en estos años de conflicto».

g.m.v