Siervos libres (8 de noviembre de 2016)

PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Siervos libres

Martes 8 de noviembre de 2016

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 45, viernes 11 de noviembre de 2016

Siervo pero libre, hijo y no esclavo: es este el aspecto de la identidad del cristiano profundizado por el Papa Francisco en la homilía de la misa celebrada en Santa Marta el martes 8 de noviembre por la mañana. El punto de partida de la reflexión fue el pasaje del Evangelio de Lucas (17, 7-10) en el cual Jesús afirma: «Somos siervos inútiles». ¿Pero qué significa esta expresión?

Para ayudar a comprenderla, el Pontífice tomó otro elemento de la liturgia cotidiana, la oración colecta, en la cual, recordó, «hemos rezado pidiendo tres gracias», es decir: «Aleja, Señor, todo obstáculo de nuestro camino hacia ti, para que con la serenidad del cuerpo y del espíritu podamos entregarnos libremente a tu servicio». Una oración en la cual se resumen los pasos necesarios para alcanzar la justa dimensión del servicio, que es la de ser «siervos inútiles».

Ante todo, dijo el Papa, «la primera cosa que hemos pedido es que el Señor aleje los obstáculos para servirle bien, para servirle libremente, como hijos». De los muchos obstáculos que un cristiano puede encontrar en su camino y que «impiden convertirse en siervos», se pueden recordar al menos dos. Uno es, seguramente, «las ganas de poder». Una dificultad común, que se encuentra fácilmente en la vida cotidiana: cuántas veces, puso como ejemplo Francisco, «quizás en nuestra casa» hay quien dice: «¡aquí mando yo!», o ¿cuántas veces, incluso «sin decirlo», hemos hecho sentir a los demás estas «ganas de poder»? En cambio, Jesús «nos ha enseñado que quien manda se convierta como aquel que sirve» y que «si uno quiere ser el primero, sea el servidor de todos». Jesús, es decir, «da la vuelta a los valores de la mundanidad, del mundo».

He aquí por qué las ganas de poder «no es el camino para convertirse en un siervo del Señor, es más: es un obstáculo, uno de estos obstáculos que hemos rogado al Señor que aleje de nosotros».

Hay otro obstáculo, que se puede encontrar «incluso en la vida de la Iglesia», y es «la deslealtad». Lo encontramos «cuando alguien quiere servir al Señor pero también sirve a otras cosas que no son el Señor». Y sin embargo, recordó el Pontífice, Jesús «nos dijo que ningún siervo puede tener dos dueños: o sirve a Dios o sirve al dinero». Y la deslealtad, subrayó, «no es lo mismo que ser pecador». Efectivamente «todos somos pecadores y nos arrepentimos de esto», pero ser desleales es «como hacer un doble juego». Y esto «es un obstáculo». Entonces, «el que tiene ganas de poder es el que es desleal, difícilmente puede servir, convertirse en siervo libre del Señor».

Prosiguiendo el hilo de la meditación, el Papa pasó a la segunda parte de la colecta. Después de haber pedido al Señor que aleje los obstáculos, la oración prosigue: «...por qué —segunda pregunta— con la serenidad del cuerpo y del espíritu» podemos dedicarnos al servicio. La segunda palabra clave es, entonces, «serenidad», es decir «servir al Señor en paz». Efectivamente, ha explicado Francisco: «los obstáculos —tanto las ganas de poder, como la deslealtad— arrebatan la paz y te llevan a esa picazón del corazón de no estar en paz, siempre ansioso, mal... sin paz». Una insatisfacción «que nos lleva a vivir en esa tensión de la vanidad mundana, vivir para aparentar». Así se ve mucha gente que «vive solamente para ponerse en muestra, aparentar, para que digan: “ah, qué bueno que es”, por la fama, fama mundana». Pero así «no se puede servir al Señor». Por ello, entonces «pedimos al Señor que retire los obstáculos para que con la serenidad, tanto del cuerpo como del espíritu» —y aquí pasamos al tercer elemento— podamos «dedicarnos libremente a su servicio».

Es «libertad» la tercera palabra clave. Porque, dijo el Papa, «el servicio de Dios es libre: nosotros somos hijos, no esclavos. Y servir a Dios en paz, con serenidad, cuando Él mismo nos ha retirado los obstáculos que quitan la paz y la serenidad, es servirlo con libertad». No es por casualidad que, añadió, «cuando nosotros servimos al Señor con libertad, sentimos esa paz todavía más profunda». Y es como volver a escuchar la voz del Señor que dice: «¡ven, ven, ven, siervo bueno y fiel!».

Para hacer esto, sin embargo, «necesitamos su gracia: solos no podemos». Pero, precisó el Pontífice, no es que cuando «nosotros llegamos a este estado de servicio libre, de hijos, con el Padre, podemos decir: “somos buenos siervos del Señor”». Más bien hay que decir simplemente «siervos inútiles». Expresión que indica «la inutilidad de nuestro trabajo: solos no podemos».

Por ello, explicó el Papa Francisco, debemos solamente «pedir y dejar espacio» para que Dios «nos transforme en siervos libres, en hijos, no en esclavos».

En ello se inspiró la oración conclusiva: «que el Señor nos ayude a abrir el corazón y a dejar trabajar al Espíritu Santo, para que nos quite estos obstáculos, sobre todo las ganas de poder que hacen tanto daño, y la deslealtad, la doble cara», y aún más «nos dé esta serenidad, esta paz para poderle servir como hijo libre que al final, con mucho amor» dice al Señor: «Padre, gracias, pero tú sabes: soy un siervo inútil».