Sed valientes (17 de enero de 2017)

PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Sed valientes

Martes 17 de enero de 2017

 

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 3, viernes 20 de enero de 2017

El cristiano, consciente de que «Dios no decepciona», debe tener siempre «horizontes abiertos» a la esperanza. También ante las adversidades no debe permanecer «aparcado» o «vago», sin las «ganas de seguir adelante». Contiene una decidida invitación «al valor» la meditación del Papa Francisco en la misa celebrada en Santa Marta el martes 17 de enero. La inspiración nació en la primera lectura de la liturgia del día, en la cual el autor de la Carta a los Hebreos (6, 10-20) exhorta a «ser valientes». Tanto es así, dijo el Pontífice, que «si nosotros quisiéramos escribir un título para este pasaje deberíamos decir: “sed valientes”».

Entonces el valor. Del cual en la Escritura se dice: «que cada uno de vosotros demuestre celo —es decir, dijo el Papa, “el valor para seguir adelante”— y este celo os llevará al cumplimiento hasta el final». Por lo demás, explicó Francisco, el valor «es una palabra que gusta mucho a san Pablo». Así, por ejemplo, cuando el apóstol reflexiona sobre la actitud del cristiano respecto a la vida «nos habla del entrenamiento que hacen en el estadio, en el gimnasio, los que quieren ganar», y explica que se necesita «valor, seguir adelante sin vergüenza». Porque, añadió el Pontífice, «vida valerosa es la del cristiano».

Pero el apóstol de las gentes escribe además otra cosa: «Para que no os hagáis vagos». Se detiene, también en la actitud «contraria: la pereza, no tener valor». Y el Papa tradujo el concepto con una imagen concreta tomada de la vida cotidiana: «vivir en el frigorífico, así, para que todo permanezca así». La referencia es hacia «los cristianos vagos, los cristianos que no tienen ganas de seguir adelante, los cristianos que no luchan para hacer que las cosas cambien, las cosas nuevas, las cosas que nos harían bien a todos, si estas cosas cambiasen».

Son, añadió utilizando otra imagen eficaz, «los cristianos aparcados», los que «han encontrado en la Iglesia un gran aparcamiento. Y cuando digo cristianos digo laicos, sacerdotes, obispos... todos». Y, desgraciadamente, «¡hay muchos cristianos aparcados! Para ellos la Iglesia es un aparcamiento que custodia la vida y siguen adelante con todas las aseguraciones posibles».

«Estos cristianos parados» recordaron al Papa «una cosa que de niño nos decían los abuelos: “estate atento que el agua quieta, la que no corre, es la primera que se corrompe”». Y estas personas, «que no lejanas», que «viven en la seguridad que ellas piensan que les da la religión», terminan exactamente así. Por el contrario, la invitación del apóstol y del Pontífice es: «¡sed valientes!». Y por eso, se lee en el pasaje bíblico, «tenemos una fuerte motivación para agarrarnos con firmeza a la esperanza», que nos hace «cristianos valientes y no vagos».

Explicó el Papa: «un cristiano vago no tiene esperanza, está cerrado ahí, tiene todas las ventajas, no debe luchar, está jubilado». Ahora, si es verdad que «después de muchos años de trabajo jubilarse es justo, también está bien», también es cierto que «pasar toda tu vida jubilado está feo». Y «los cristianos vagos son así ¿Por qué? Porque no tienen esperanza».

He aquí entonces el mensaje propuesto por la liturgia: «la esperanza, esa esperanza que no decepciona, que va más allá». Efectivamente se lee que es «un áncora segura y sólida para nuestra vida». Entonces «la esperanza es un áncora: la hemos lanzado y nosotros estamos agarrados a la cuerda». Pero no para permanecer parados: «La esperanza es luchar, agarrados a la cuerda, para llegar allí». Y «en la lucha de todos los días» la esperanza «es una virtud de horizontes, no de cerrazón». Quizás, añadió Francisco, la esperanza «es la virtud que menos se entiende pero es la más fuerte» porque nos consiente vivir «siempre mirando adelante con valor».

Alguien —dijo el Papa llegados a este punto— podría objetar: «Sí, padre, pero hay momentos feos, en los cuales todo parece oscuro, ¿qué tengo que hacer?». La respuesta es: «agárrate a la cuerda y aguanta». Debemos ser conscientes de que «a ninguno de nosotros se nos regala la vida, debemos luchar para tener la vida o soportar». No por casualidad, subrayó el Pontífice “valor” y “soportar” son dos palabras «que Pablo usa mucho mucho en sus cartas».

Los cristianos deben ser «valientes», tener el «valor para seguir adelante». Es verdad —añadió Francisco— «los cristianos se equivocan muchas veces; pero ¿Quién te ha prometido que en tu vida no te equivocarás nunca? Todos nos equivocamos. Se equivoca quien sigue adelante, quien camina, el que está parado parece no equivocarse». Por eso además de valor es necesaria la capacidad de soportar: «en el momento en el cual no se puede caminar porque todo está a oscuras, todo está cerrado, soportar». Se trata de esa constancia a través de la cual, está escrito, se convierte en «herederos de las promesas». Es la «constancia en los momentos feos».

Por ello el Pontífice invitó a todos a hacer un examen de conciencia y a preguntarse: «¿soy un cristiano aparcado, vago o un cristiano valiente? ¿Soy un cristiano que quiere todas las seguridades o soy un cristiano que arriesga? ¿Soy un cristiano cerrado o un cristiano de horizontes, de esperanza?». Y aún más: «¿Cómo va mi esperanza? ¿Mi corazón está anclado en el horizonte, yo estoy agarrado a la cuerda y creo también en los momentos feos? ¿Y en los momentos feos soy capaz de soportar porque sé que Dios no decepciona, sé que la esperanza no decepciona?».

Se trata, en definitiva, de una pregunta más profunda, es decir: «¿Cómo soy yo? ¿Cómo es mi vida de fe? ¿Es una vida de horizontes, de esperanza, de valor, de ir adelante, o una vida tibia que ni siquiera sabe soportar los momentos feos?».

La oración al Señor, concluyó el Papa retomando la oración litúrgica de la colecta del día, es que «nos dé la gracia de superar nuestros egoísmos porque los cristianos aparcados, los cristianos parados, son egoístas. Mirando solamente a sí mismos, no saben levantar la cabeza para mirarle a Él».