Riesgo de genocidio en el corazón de África - Las alarmas lanzadas por Naciones Unidas

2017-08-09 L’Osservatore Romano

En la República Centroafricana hay «señales precursoras de genocidio». Lo afirmó este martes el vicesecretario general de las Naciones Unidas para los Asuntos Humanitarios, Stephen O’Brien, frente a las persecuciones de la población civil y los enfrentamientos entre grupos armados que han vuelto con intensidad en el país africano, uno de los más pobres del mundo y preso de una guerra civil desde finales de 2012. Decenas de personas fueron asesinadas en las últimas semanas en enfrentamientos en Ngaoundaye y en Batangafo, en el norte; en Kaga-bandoro, en el centro; en Alindao y en Gambo, en el sur, donde, junto con otras personas, fueron asesinados tres trabajadores de la Cruz Roja internacional. Dramático el testimonio del obispo de Bangassou, el español Juan José Aguirre Muñoz, que difundió la noticia del brutal asesinato de unos cincuenta cristianos en un pueblo de su diócesis. El prelado también expresó gran preocupación por el destino de más de 2000 musulmanes, actualmente bajo protección, que podrían ser pronto objeto de represalias.

En una reunión de las Naciones Unidas en Nueva York, el lunes pasado, O’Brien solicitó «una acción inmediata para contener la crisis, antes de que sea demasiado tarde». En estos días debería llegar la petición al Consejo de seguridad de las Naciones Unidas para aumentar las tropas a disposición de la misión local de la ONU (Minusca), que cuenta actualmente con cerca de 12.500 hombres y cuyo mandato, según los plazos, debería ser revisado en otoño.

Bajo los ojos de los cascos azules, el pueblo centroafricano vive una auténtica catástrofe humanitaria, entre las violencias perpetradas por exponentes del grupo Seleka, que afirman querer defender a la minoría musulmana, y los anti-Balaka, grupo considerado de mayoría cristiana. De hecho — según la opinión de los analistas — el Estado controla solo dos provincias de las 14 y más del 20% de la población está desplazada. Se cuentan más de 600.000 desplazados y 480.000 refugiados que han escapado a los países limítrofes, entre los cuales Camerún, Chad y República Democrática del Congo. Y el flujo continúa: solo desde el pasado 10 de julio, llegaron a Camerún 6800 centroafricanos.

Atrocidades contra la población continúan siendo cometidas desde que el país, al finales del 2012, resbaló en una guerra civil que no logra superar. El conflicto estalló cuando el entonces presidente François Bozizé fue derrocado por una coalición de grupos de rebeldes definidos después como Seleka. Los diversos cese al fuego y los intentos de acuerdo entre rebeldes y gobierno son sistemáticamente desmentidos por enfrentamientos entre facciones armadas y las masacres contra la población inerme. Desde hace cerca de un año la violencia ha vuelto con fuerza, después de la esperanza de pacificación que había dado lugar a elecciones libres.