Reconciliación y respeto de los derechos-A las autoridades políticas y civiles de Myanmar el Papa pide tutelar todo grupo étnico

2017-11-28 L’Osservatore Romano

La construcción de la paz es un camino «difícil» que «sólo puede avanzar a través del compromiso con la justicia y el respeto de los derechos humanos». Frente a las autoridades políticas y civiles de Myanmar, el Papa indicó el camino clave de la «reconciliación nacional» a un país que «ha sufrido y sigue sufriendo a causa de los conflictos civiles y de las hostilidades que durante demasiado tiempo han creado profundas divisiones».

En el discurso pronunciado en el auditorium dell’International Convention Centre de la capital Nay Pyi Taw el martes por la tarde, 28 de noviembre, en conclusión de la segunda jornada del viaje en Asia, Francisco reiteró que «el futuro de Myanmar debe ser la paz»: una paz, precisó, «basada en el respeto de la dignidad y de los derechos de cada miembro de la sociedad, en el respeto por cada grupo étnico y su identidad, en el respeto por el estado de derecho y un orden democrático que permita a cada individuo y a cada grupo —sin excluir a nadie— ofrecer su contribución legítima al bien común».

Respondiendo a las palabras de saludo de Aung San Suu Kyi, consejera de Estado y ministra de Asuntos Exteriores — que confirmó la necesidad de llevar adelante del proceso de paz en el país e hizo referencia a la difícil situación en el estado del Rakhine — el Pontífice indicó en la “curación de las heridas” la «prioridad política y espiritual fundamental» de Myanmar. Un desafío que debe tener como objetivo el de «poner fin a la violencia, generar confianza y garantizar el respeto de los derechos de quienes consideran esta tierra como su hogar».

En esta «gran tarea de reconciliación e integración nacional», los miembros de las diferentes comunidades religiosas están llamados a desempeñar un rol privilegiado. Sus diversidades, subrayó el Papa, «no deben ser una fuente de división y desconfianza, sino más bien un impulso para la unidad, el perdón, la tolerancia y una sabia construcción de la nación». Es así, de hecho, que las religiones «pueden contribuir también a erradicar las causas del conflicto, a construir puentes de diálogo, a buscar la justicia y ser una voz profética en favor de los que sufren».

Una entrega, esta, que Francisco había ya encomendado a un grupo de líderes religiosos con quienes se reunió en el arzobispado al inicio de la jornada. «En este tiempo que nos toca vivir — dijo saludándoles — experimentamos una tendencia mundial hacia la uniformidad, a hacer todo igual. Eso es matar la humanidad. Eso es una colonización cultural». Es necesario por tanto comprender, añadió, «la riqueza de nuestras diferencias ―étnicas, religiosas, populares―, y desde esas diferencias se da el diálogo. Y desde esas diferencias uno aprende del otro, como hermanos».