Por qué el sacerdote molesta a la cultura mafiosa anticristiana
2012-07-03 L’Osservatore Romano
La violencia, el odio, el abuso pueden matar el cuerpo pero no el alma. El
martirio de don Giuseppe Puglisi, sacerdote palermitano asesinado en 1993, y
también el de tantos sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y laicas de
todas las épocas, nacionalidades y culturas, son el ejemplo más elocuente de que
al final Cristo tiene la última palabra. Don Puglisi fue asesinado porque era un
cura de verdad: predicaba los valores evangélicos sin atenuarlos y sus palabras
encontraban en los jóvenes interlocutores atentos y fascinados. Por eso
molestaba a la mafia, cuya cultura es «intrínsecamente anticristiana». Entre los
16 decretos que el pasado 28 de junio el Papa autorizó a promulgar, el que
concierne al martirio de don Puglisi tiene ciertamente una validez
particularmente ejemplar. Hemos hablado de ellos con el cardenal Angelo Amato,
prefecto de la Congregación para las causas de los santos, en esta entrevista a
nuestro periódico.
Nicola Gori






