Paz y reconciliación en Nigeria
Es necesaria «la plena colaboración de todos los componentes sociales de Nigeria» para abandonar «el camino de la venganza» y colaborar «en la edificación de una sociedad pacificada y reconciliada, donde sea plenamente tutelado el
derecho
de profesar libremente la propia fe». Lo dijo el Papa durante la audiencia
general del miércoles 20 de junio, en el aula Pablo VI, al expresar su «profunda
preocupación» por la situación del país africano arrasado por una ola de
violencia dirigida sobre todo contra los cristianos. «Mientras elevo la oración
por las víctimas y por cuantos sufren -aseguró Benedicto XVI- hago un
llamamiento a los responsables de las violencias, a fin de que cese
inmediatamente el derramamiento de sangre de tantos inocentes».
Anteriormente, en la catequesis dedicada al himno de bendición que abre la carta de san Pablo a los Efesios, el Pontífice había subrayado la exigencia de dedicar la oración no sólo a la «petición de ayuda en las necesidades» sino también a la alabanza y a la acción de gracias por las «numerosas cosas buenas recibidas» y por la «bondad que se muestra en su creación». Dios, recordó, «nos ha llamado a la existencia, a la santidad. Y esta elección es anterior incluso a la creación del mundo. Desde siempre estamos en su plan, en su pensamiento». Él, agregó, «nos elige no porque seamos buenos, sino porque él es bueno. Dios es la bondad, es comunicación de bondad, quiere comunicar, crea porque quiere comunicar su bondad a nosotros y hacernos buenos y santos».
Por su parte, el hombre está llamado a una elección ante el «camino de la redención», porque «Dios quiere criaturas libres, que digan libremente sí». Cada uno de nosotros, recordó el Papa, debe estar atento «a la belleza de la creación y ver transparentar en esta belleza el rostro de Dios». En este sentido, la oración «engendra hombres y mujeres animados no por el egoísmo, por el deseo de poseer, por la sed de poder, sino por la gratuidad, por el deseo de amar, por la sed de servir, es decir, animados por Dios». El cual, concluyó, «se ha hecho cercano a nosotros y espera con paciencia nuestros tiempos, comprende nuestras infidelidades y alienta nuestro compromiso y nos guía».




