Papa: Ser catequista es una vocación de servicio en la Iglesia

2017-07-12 Radio Vaticana

(RV).- Con motivo del Congreso Internacional sobre Catequesis, que se celebra del 11 al 14 de julio en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina de Buenos Aires, el Papa Francisco ha querido estar presente, de alguna manera, mediante un mensaje dirigido a Monseñor Ramón Alfredo Dus, Arzobispo de Resistencia y Presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica.

Este encuentro ha sido organizado por el Instituto de Catequesis de Argentina, organismo que depende de la Comisión Episcopal para la Catequesis y la Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal de esta nación. “Bienaventurados los que creen” es el lema de este evento que cuenta, entre sus relatores, con la presencia del Arzobispo Luis Francisco Ladaria, nuevo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Presidente de la Comisión de estudio sobre el Diaconato de las mujeres, y Monseñor José Ruiz Arenas, Secretario del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización.

Dirigiéndose a su querido hermano Monseñor Ramón Alfredo Dus, el Santo Padre envía su saludo cordial a todos los participantes en los diferentes encuentros de formación. Y recuerda que San Francisco de Asís, cuando uno de sus seguidores le insistía para que le enseñara a predicar, le respondió de esta manera: “Hermano, cuando visitamos a los enfermos, ayudamos a los niños y damos comida a los pobres ya estamos predicando”.

“En esta bella lección – escribe el Pontífice – se encuentra encerrada la vocación y la tarea del catequista”. En efecto, para Francisco la catequesis, en primer lugar, no es un “trabajo” o una tarea externa a la persona del catequista, sino que se “es” catequista y toda la vida gira en torno a esta misión. Porque como explica, “ser” catequista es una vocación de servicio en la Iglesia, de donde se desprende que “lo que se ha recibido como don de parte del Señor debe a su vez transmitirse”.

De aquí que el catequista deba volver constantemente a aquel primer anuncio que es el don que le cambió la vida. Es el anuncio fundamental que debe resonar una y otra vez en la vida del cristiano y, más aún, en aquel que está llamado a anunciar y enseñar la fe. Y citando un parágrafo de su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium  del año 2013, el Santo Padre recuerda que no hay “nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio”. Anuncio que debe acompañar la fe que ya está presente en la religiosidad de nuestro pueblo.

Por eso agrega que es necesario “hacerse cargo de todo el potencial de piedad y amor que encierra la religiosidad popular para que se transmitan no sólo los contenidos de la fe, sino para que también se cree una verdadera escuela de formación en la que se cultive el don de la fe que se ha recibido, a fin de que los actos y las palabras reflejen la gracia de ser discípulos de Jesús”.

Además, el Papa Bergoglio pone de manifiesto que el catequista camina desde y con Cristo, y afirma que no es una persona que parte de sus propias ideas y gustos, sino que se deja mirar por él, por esa mirada que hace arder el corazón. De hecho, Jesús cuanto más toma el centro de nuestra vida – añade – tanto más nos hace salir de nosotros mismos, nos descentra y nos hace ser próximos a los demás. Y para Francisco ese dinamismo del amor es como el movimiento del corazón: sístole y diástole. Como decir que “se concentra para encontrarse con el Señor e inmediatamente se abre, saliendo de sí por amor, para dar testimonio de Jesús y hablar de Jesús, predicar a Jesús”.

Asimismo, el Pontífice escribe que el mismo Jesús nos da el ejemplo de esto: se retiraba para rezar al Padre e inmediatamente salía al encuentro de los hambrientos y sedientos de Dios, para sanarlos y salvarlos. De aquí nace la importancia de la catequesis “mistagógica” que es el encuentro constante con la Palabra y con los sacramentos y no algo meramente ocasional previo a la celebración de los sacramentos de iniciación cristiana.

Inspirándose en la Evangelii Gaudium el Sucesor de Pedro escribe que “la vida cristiana es un proceso de crecimiento y de integración de todas las dimensiones de la persona en un camino comunitario de escucha y de respuesta”.

Además, el Papa recuerda que el catequista debe ser creativo buscando diferentes medios y formas para anunciar a Cristo, donde los medios pueden ser diferentes pero lo importante es tener presente el estilo de Jesús, que se adaptaba a las personas que tenía ante él para hacerles cercano el amor de Dios. Por eso Francisco no duda en afirmar que hay que saber “cambiar” y adaptarse, a fin de que el mensaje sea más cercano, aun cuando es siempre el mismo, porque Dios no cambia, sino que renueva todas las cosas en Él.

Tras recordar que en la búsqueda creativa de dar a conocer a Jesús no debemos sentir miedo porque él nos precede en esa tarea; Él ya está en el hombre de hoy, y allí nos espera; dirigiéndose a los queridos catequistas, el Sano Padre les da las gracias por lo que hacen, pero sobre todo porque caminan con el Pueblo de Dios. Y los anima a que “sean alegres mensajeros, custodios del bien y la belleza que resplandecen en la vida fiel del discípulo misionero”.

El Pontífice concluye su mensaje pidiendo que Jesús los bendiga y la Virgen Santa, verdadera “educadora de la fe”, los cuide; a la vez que añade: “Y, por favor, no se olviden de rezar por mí”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

Texto del Mensaje del Santo Padre Francisco:

A Su Excelencia Mons. Ramón Alfredo Dus, Arzobispo de Resistencia, Presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica

Querido hermano:

Un cordial saludo a vos y a todos los que participarán en los diferentes encuentros de formación que ha organizado la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica.

San Francisco de Asís, cuando uno de sus seguidores le insistía para que le enseñara a predicar, le respondió de esta manera: «Hermano, [cuando visitamos a los enfermos, ayudamos a los niños y damos comida a los pobres] ya estamos predicando». En esta bella lección se encuentra encerrada la vocación y la tarea del catequista.

En primer lugar, la catequesis no es un «trabajo» o una tarea externa a la persona del catequista, sino que se «es» catequista y toda la vida gira entorno a esta misión. De hecho, «ser» catequista es una vocación de servicio en la Iglesia, lo que se ha recibido como don de parte del Señor debe a su vez transmitirse. De aquí que el catequista deba volver constantemente a aquel primer anuncio o «kerygma» que es el don que le cambió la vida. Es el anuncio fundamental que debe resonar una y otra vez en la vida del cristiano, y más aún en aquel que está llamado a anunciar y enseñar la fe. «Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio» (Evangelii Gaudium, 165). Este anuncio debe acompañar la fe que está ya presente en la religiosidad de nuestro pueblo. Es necesario hacerse cargo de todo el potencial de piedad y amor que encierra la religiosidad popular para que se transmitan no sólo los contenidos de la fe, sino para que también se cree una verdadera escuela de formación en la que se cultive el don de la fe que se ha recibido, a fin de que los actos y las palabras reflejen la gracia de ser discípulos de Jesús.

El catequista camina desde y con Cristo, no es una persona que parte de sus propias ideas y gustos, sino que se deja mirar por él, por esa mirada que hace arder el corazón. Cuanto más toma Jesús el centro de nuestra vida, tanto más nos hace salir de nosotros mismos, nos descentra y nos hace ser próximos a los otros. Ese dinamismo del amor es como el movimiento del corazón: «sístole y diástole»; se concentra para encontrarse con el Señor e inmediatamente se abre, saliendo de sí por amor, para dar testimonio de Jesús y hablar de Jesús, predicar a Jesús. El ejemplo nos lo da él mismo: se retiraba para rezar al Padre e inmediatamente salía al encuentro de los hambrientos y sedientos de Dios, para sanarlos y salvarlos. De aquí nace la importancia de la catequesis «mistagógica» que es el encuentro constante con la Palabra y con los sacramentos y no algo meramente ocasional previo a la celebración de los sacramentos de iniciación cristiana. La vida cristiana es un proceso de crecimiento y de integración de todas las dimensiones de la persona en un camino comunitario de escucha y de respuesta (cf. Evangelii Gaudium, 166).

El catequista es además creativo; busca diferentes medios y formas para anunciar a Cristo. Es bello creer en Jesús, porque él es «el camino, y la verdad y la vida» (Jn 14, 6) que colma nuestra existencia de gozo y de alegría. Esta búsqueda de dar a conocer a Jesús como suma belleza nos lleva a encontrar nuevos signos y formas para la transmisión de la fe. Los medios pueden ser diferentes pero lo importante es tener presente el estilo de Jesús, que se adaptaba a las personas que tenía ante él para hacerles cercano el amor de Dios. Hay que saber «cambiar», adaptarse, para hacer el mensaje más cercano, aun cuando es siempre el mismo, porque Dios no cambia sino que renueva todas las cosas en él. En la búsqueda creativa de dar a conocer a Jesús no debemos sentir miedo porque él nos precede en esa tarea. Él ya está en el hombre de hoy, y allí nos espera. 

Queridos catequistas, les doy las gracias por lo que hacen, pero sobre todo porque caminan con el Pueblo de Dios. Los animo a que sean alegres mensajeros, custodios del bien y la belleza que resplandecen en la vida fiel del discípulo misionero.

Que Jesús los bendiga y la Virgen santa, verdadera «educadora de la fe», los cuide.

Y, por favor, no se olviden de rezar por mí.

Vaticano, 5 de julio de 201

(from Vatican Radio)