Nota Eclesial: vivir la alegría del Evangelio con las bienaventuranzas

2015-10-31 Radio Vaticana

(RV).- Las bienaventuranzas que no enseña Jesús es un camino de santidad a recorrer en nuestra vida cristiana. No es una felicidad de este mundo, superflua y pasajera, y tampoco se ha de considerar de fácil vivir. Es un compromiso de identidad con lo que somos, hijos de Dios, llamados a ser bienaventurados.

El Evangelio de Mateo (5, 1-12), nos ofrece esa invitación de Jesucristo a emprender un camino de felicidad cristiana: “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos lo que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos ustedes cuando los insulten y los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Estén alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”.

Esta es la felicidad del Reino del Cielo, y que muchos cristianos -hoy llamados Santos- decidieron vivir desde su peregrinar en medio de nosotros. Un plan de vida accesible a todos desde el bautismo, y que puede ser vivido en el trascurso de la vida en los afanes y cansancios de cada momento que dan cabida a vivir plenamente las bienaventuranzas.

Vivir las bienaventuranzas es vivir la Alegría del Evangelio, ya que la pobreza de espíritu, que da la alergia del cielo nos enseña a trasformar las tristezas de este mundo en la esperanza de la misericordia de Dios. Para ello caminar con un corazón limpio y el deseo de construir la paz hacen que las adversidades sean la recompensa del cielo.

Es necesario como cristianos aprender a leer las bienaventuranzas, observando el testimonio de los Santos para llevarlos a la practica en el encuentro con los demás, Jesucristo nos los enseña en el Evangelio  de la alegría: para ser discípulos y misioneros de la misericordia.

Johan Pacheco para RADIO VATICANO.

(from Vatican Radio)