No somos huérfanos (22 de mayo de 2017)

PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

No somos huérfanos

Lunes 22 de mayo de 2017

Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 21, viernes 26 de mayo de 2017

«Señor, ábreme el corazón para que yo pueda entender lo que tú me has enseñado. Para que yo pueda recordar tus palabras. Para que yo pueda seguir tus palabras. Para que yo llegue a la verdad plena». Es la “oración” para «hacer estos días» sugerida por el Papa durante la misa celebrada el lunes por la mañana, 22 de mayo, en Santa Marta. Francisco la pronunció comentando como es habitual la liturgia de la palabra que —explicó— «en estos días nos hace escuchar el largo discurso de Jesús en la Última cena» en el que anuncia «a los suyos» el envío del Espíritu Santo.

Se trata de «un discurso en el cual Jesús advierte, enseña, consuela» a los discípulos y «les da esperanza» asegurando: «“Estad tranquilos, no os dejaré huérfanos. Yo me iré, pero vosotros no os quedáis huérfanos, porque os mandaré otro “abogado” para defenderos delante del Padre». Al respecto el Pontífice hizo notar que si «el primer abogado era Él», Cristo mismo, «el gran abogado que nos ha perdonado todos los pecados, que nos defiende», en la Última cena habla de un segundo “abogado”. De hecho dice: «os mandaré otro que os acompañará», explicando que «cuando venga el Paráclito —es decir el abogado, que es el Espíritu Santo— que yo os mandaré del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí».

Según Francisco esto «quiere decir que solamente el Espíritu Santo nos da la seguridad de ser salvados por Jesús», que es «solamente el Espíritu Santo el que nos enseña a decir: “Jesús es el Señor”». Mientras que «sin el Espíritu, ninguno de nosotros es capaz de decirlo, de escucharlo, de vivirlo». Por otro lado, añadió el Papa, «Jesús, en otros pasajes de este largo discurso, ha dicho» que el Espíritu «“os conducirá a la verdad plena”, nos acompañará hacia la verdad plena. “Os hará recordar todas las cosas que yo he dicho; os enseñará todo”». Por esto, aseguró el Pontífice, «el Espíritu Santo es el compañero de camino de cada cristiano» y «también el compañero de camino de la Iglesia. Y este es el don que Jesús nos da».

Basándose en la propia experiencia de obispo, Francisco recordó que «cuando celebramos las confirmaciones y hacemos la unción en la frente de los confirmandos, decimos: “Recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo”». De hecho, el Paráclito «es un don: el gran don de Jesús, es el Espíritu. El que no nos hace equivocarnos».

Entonces viene natural preguntarse: «¿Dónde vive el Espíritu?». El Papa identificó una posible respuesta en la primera lectura litúrgica, tomada de Hechos de los Apóstoles (16, 11-15), que cuenta una «aventura de los apóstoles hacia Macedonia, donde fueron llamados». Parafraseando el pasaje bíblico, el Pontífice añadió que «llegados a Filipos, en la ciudad, el sábado fueron al río donde se rezaba; y allí había un grupo de mujeres que rezaban». Así los apóstoles «comenzaron a predicar a las mujeres, sobre Jesús». Y está escrito en el libro de los Hechos que «escuchando estaba también una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura». Ella, comentó Francisco, «no era tonta: era una comerciante, sabía hacer las cosas». Ella, «de la ciudad de Tiatira» era «una creyente en Dios. Y el Señor le abrió el corazón para adherirse a la Palabra de Dios». Es decir, insistió el Papa, «le abrió el corazón para que entrara el Espíritu Santo y ella» se convirtiera «en una discípula». De hecho, «es precisamente en el corazón» que «nosotros llevamos al Espíritu Santo». Tanto que «la Iglesia lo llama “el dulce huésped del corazón”». Pero, advirtió el Pontífice, «en un corazón cerrado no puede entrar» ni es posible comprar «las llaves para abrir el corazón», porque «es un don también eso. Es un don de Dios». De aquí la invocación de Francisco: «Señor, ábreme el corazón para que entre el Espíritu y me haga entender que Jesús es el Señor». En resumen, exhortó, «corazón abierto para que el Espíritu entre, y nosotros, escuchemos al Espíritu».

De esta doble observación, finalmente, el Papa invitó a realizarse «dos preguntas solamente que se pueden tomar de estas lecturas», sobre las cuáles «hará bien» reflexionar. La primera es: «¿yo pido al Señor la gracia de que mi corazón esté abierto?». Y la segunda: «¿trato de escuchar al Espíritu Santo, sus inspiraciones, las cosas que Él dice a mi corazón para que yo vaya adelante en la vida de cristiano, y pueda testimoniar también yo que Jesús es el Señor?». Este es entonces el consejo conclusivo de Francisco: «Pensad en estas dos cosas, hoy: mi corazón está abierto, y yo hago el esfuerzo de escuchar al Espíritu Santo, qué me dice. Y así iremos adelante en la vida cristiana y daremos también nosotros testimonio de Jesucristo».