Minorías vitales

2017-11-30 L’Osservatore Romano

Un cuarto de hora bastó al Papa para despedirse del pueblo de Myanmar en el modo en el que deseaba, es decir, encontrándolo sin formalidad. La conclusión temprana de la misa en la catedral de Yangon permitió, de hecho, al Pontífice recorrer la hermosa iglesia neogótica de finales del siglo xix entre dos alegres hileras de chicos y chicas. Sin prisa, apoyándose en la cruz de procesión de Pablo vi, su actual sucesor se detuvo con muchos centenares de jóvenes, procedentes de decenas de etnias diversas, para saludarlos de cerca. Y ellos correspondieron, buscando y estrechando la mano ofrecida por Francisco o la cruz con la figura de Cristo llevada por el Pontífice, esbozando repetidamente en una mezcla de lenguas «Papa Francis we love you». En una atmósfera entusiasta que a Bergoglio le gustó realmente y que lo envolvió con afecto y calidez poco antes de la salida hacia Bangladés, donde llegó a primera hora de la tarde.

Algo que une a los dos países visitados por el Pontífice en este viaje asiático es el hecho de que los católicos y los cristianos son minorías minúsculas. Que Bergoglio quiere encontrar para apoyarlos y alentarlos a un testimonio misionero no autoritario y más afectivo. «No tengáis miedo si a veces sentís que sois pocos y estáis dispersos. El Evangelio siempre crece a partir de pequeñas raíces. Por eso, haceos oir. Os pido que gritéis, pero no con vuestras voces, no, quiero que gritéis, para ser con vuestra vida, con vuestros corazones, signos de esperanza para los que están desanimados, una mano tendida para el enfermo, una sonrisa acogedora para el extranjero, un apoyo solícito para el que está solo» dijo a los jóvenes reunidos en la catedral de Yangon.

Realidad de minorías, pero vitales, que volvió en el primer discurso del Papa en Daca. Aquí, en el palacio presidencial habló a las autoridades de la nación, muy populosa y casi totalmente musulmana, acogido por el presidente. «Los católicos de Bangladesh, aunque son relativamente pocos, intentan desempeñar un papel constructivo en el desarrollo de la nación, especialmente a través de sus escuelas, clínicas y dispensarios» dijo el Pontífice. Que después señaló el aprecio general por el compromiso educativo: en los institutos católicos, de hecho, donde «la gran mayoría de los estudiantes y muchos de los profesores» son de otras religiones, la Iglesia sin hacer distinciones y contando con la libertad establecida en la constitución nacional, «busca promover una cultura del encuentro que permita a los estudiantes asumir sus responsabilidades en la vida de la sociedad», remarcó.

Volviendo después sobre el drama de los refugiados, casi totalmente musulmanes, procedentes del estado vecino de Rakhine y acogidos con gran generosidad por Bangladés «bajo los ojos del mundo entero», el Pontífice describió «la precaria condición de vida de tantos de nuestros hermanos y hermanas, la mayoría de los cuales son mujeres y niños, hacinados en los campos de refugiados» y lanzó un nuevo llamamiento a la comunidad internacional. Para que intervenga, políticamente para resolver la crisis y sobre el plano humanitario para socorrer a los refugiados.

g.m.v.