Memoria, paciencia y esperanza (27 de enero de 2017)

PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Memoria, paciencia y esperanza

Viernes 27 de enero de 2017

 

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 5, viernes 3 de febrero de 2017

El vestido del cristiano debe ser zurcido con «memoria, valentía, paciencia y esperanza» para resistir también a las lluvias más intensas sin ceder y estrecharse. Es precisamente del «pecado de la pusilanimidad» —o sea, «tener miedo de todo» y convertirse en «almas estrechas para preservarse»— que el Papa puso en guardia en la misa celebrada el viernes 27 de enero, por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta, recordando cómo Jesús mismo advirtió que «quien quiere conservar la propia vida, sin arriesgar y amparándose en la prudencia, la perderá».

Para su meditación Francisco hizo referencia a la lectura del día que, expuso inmediatamente, es un pasaje de la Carta a los Hebreos (10, 32-39): «Una exhortación a vivir la vida cristiana, una exhortación con tres puntos de referencia, tres puntos temporales, por decirlo así: el pasado, el presente y el futuro». El autor de la Carta «comienza con el pasado y nos exhorta a hacer memoria: “hermanos, traed a la memoria los días pasados”». Son —explicó el Papa— «los días del entusiasmo, de seguir adelante en la fe, cuando se comenzó a vivir la fe, las pruebas sufridas». En efecto, «no se entiende la vida cristiana, también la vida espiritual de cada día, sin memoria». Y «no sólo no se entiende: no se puede vivir cristianamente sin memoria».

Se trata, afirmó Francisco, de la «memoria de la salvación de Dios en mi vida», de la «memoria de los males en mi vida: ¿cómo el Señor me salvó la vida de estos males?». Por esto «la memoria es una gracia, una gracia que hay que pedir: “Señor que no me olvide de tu paso por mi vida, que no me olvide de los buenos momentos, también de los momentos difíciles; los gozos y las cruces”».

Por lo tanto, explicó el Pontífice, «el cristiano es un hombre de memoria». Tanto que «cuando leemos la Biblia, vemos que los profetas siempre nos hacen mirar hacia atrás: piensen esto que Dios ha hecho con ustedes, cómo los ha liberado de la esclavitud». Y «hacer memoria es sabiduría: recordar todo, lo bueno y lo no tan bueno, lo malo: muchas gracias, muchos pecados, la familia, la historia personal de cada uno». Así «avanzo ante de Dios pero con mi historia, no debo ocultarla, esconderla: no, es mi historia, delante de mi alma, delante de ti». Aquí tenemos que la «exhortación a vivir bien una vida cristiana, comienza con este punto de referencia: la memoria».

También, prosiguió el Papa, el autor de la Carta a los Hebreos «nos da a entender que estamos en camino, y estamos en camino a la espera de algo, en espera de llegar o de encontrar». En efecto, se lee en la Carta: «Pues todavía un poco, muy poco tiempo: y el que ha de venir vendrá sin tardanza». E inmediatemente después «nos exhorta a vivir de la fe: “mi justo vivirá por la fe”». Aquí entra en juego «la esperanza: mirar al futuro».

De hecho, explicó Francisco, «así como no se puede vivir una vida cristiana sin la memoria de los pasos dados, no se puede vivir una vida cristiana sin mirar al futuro con la esperanza del encuentro con el Señor». Sabemos bien, recordó el Papa, que «la vida es un soplo pasa: cuando uno es joven, piensa que tiene mucho tiempo por delante, pero después la vida nos enseña esas palabras, que decimos todos: “pero cómo pasa el tiempo, a éste le conocí desde niño, ahora se casa, cómo pasa el tiempo”». Por lo tanto, «la esperanza de encontrarlo es una vida en tensión, entre la memoria y la esperanza, el pasado y el futuro».

El tercer punto «está en la mitad: es hoy, es decir el presente», afirmó el Pontífice. Se trata de «un hoy entre el pasado y el futuro». Y «el consejo para vivir el hoy es continuar con esta actitud, que describe a los primeros cristianos, de valentía, de paciencia, de seguir adelante, de no tener miedo». Porque «el cristiano vive el presente —muchas veces doloroso y triste— valientemente o con paciencia». Existen «dos palabras que a Pablo, y a su discípulo, que ha escrito esta Carta, les gustaban mucho: valor y paciencia». Y «es curioso», destacó el Papa, que el autor del texto para decir «paciencia, usa una palabra en griego que quiere decir “soportar”; y valentía es franqueza, dice aquí, decir claramente las cosas, seguir adelante con la cara mirando adelante». Son «las dos palabras —prosiguió— que él usa mucho, mucho: la parresìa y la hypomonè, la valentía y la paciencia». Y «la vida cristiana es así». Es verdad, reconoció Francisco, que todos somos pecadores, «quien antes, quien después», y «si quieren podemos después hacer la lista, pero continuando con valentía y con paciencia; no nos quedemos ahí, parados, porque esto no nos hará crecer».

Así, por lo tanto, explicó el Pontífice, «es nuestra vida cristiana, así hoy la liturgia nos exhorta a vivirla: con gran memoria del camino vivido, con gran esperanza de ese bello encuentro que será una bella sorpresa». Ciertamente, insistió, «no sabemos cuándo: puede ser mañana, puede ser dentro de quince años, no se sabe, pero es siempre mañana, es pronto, porque el tiempo pasa». En todo caso debe estar siempre «la esperanza del encuentro». Y también la actitud de «soportar, con paciencia; llevar aquí, paciencia y valentía, franqueza», con «la cara mirando adelante, sin vergüenza». Precisamente «así se lleva adelante la vida cristiana».

Hay una pequeña cosa, antes de terminar —evidenció el Papa— sobre la que el autor» de la Carta a los Hebreos «llama la atención de la comunidad a la que está hablando: un pecado». Es un pecado «que no le hace tener esperanza, valor, paciencia y memoria: el pecado de la pusilanimidad». Se trata, explicó Francisco, de «un pecado que no deja ser cristiano, es un pecado que no te deja seguir adelante por miedo». Por esta razón «muchas veces Jesús decía: “No tengan miedo”»: precisamente por poner en guardia contra la «pusilanimidad» y así proceder para no ceder, no ir «siempre hacia atrás» custodiándose «demasiado a sí mismos» por «el miedo de todo», para «no arriesgar» amparándose en la «prudencia».

De tal modo, afirmó el Papa, uno puede también decir que sigue «todos los mandamientos, sí, es verdad, pero esto te paraliza, te hace olvidar muchas gracias recibidas, te quita la memoria, te quita la esperanza porque no te deja seguir adelante». Y «el presente de un cristiano, de una cristiana, es tal como cuando uno va por la calle y llega una lluvia inesperada y el vestido no es muy bueno y se encoge la tela: almas estrechas». Precisamente esta imagen expresa bien qué es «la pusilanimidad: el pecado contra la memoria, la paciencia y la esperanza».

Antes de seguir con la celebración eucarística, Francisco invitó a pedir en la oración al Señor que «nos haga crecer en la memoria, nos haga crecer en la esperanza, nos dé cada día el valor y la paciencia, y nos libere de esa cosa que es la pusilanimidad», es decir la actitud de los que tienen «miedo de todo» y acaban por convertirse en «almas estrechas para conservarse». En cambio, Jesús nos hace presente que «quien quiere conservar la propia vida, la pierde».