Más allá de las palabras

2017-09-09 L’Osservatore Romano

Se sabía con certeza que el motivo del viaje papal a Colombia era el apoyo al difícil y doloroso proceso de paz después de más de medio siglo de sangre. Pero ya el lema elegido para la visita fue una indicación para nada genérica: demos el primer paso. En un contexto lleno de obstáculos que el Pontífice sintetizó con eficacia en el largo discurso a los obispos gracias a una frase que Gabriel García Márquez pone en boca de un personaje de su novela más célebre: «no imaginaba que fuera más fácil empezar una guerra que terminarla».

En este obstaculizado camino hacia la paz «he venido hasta aquí para deciros que no estáis solos» había explicado el Pontífice concluyendo el primer discurso frente a las autoridades del país y al presidente. Y de nuevo a los obispos, Francisco, después de haber recordado que es Dios quien da el primer paso hacia el hombre, ratificó que «a la iglesia no le interesa otra cosa que la libertad de pronunciar» la palabra de la reconciliación. «No sirven alianzas con una parte o con la otra, sino la libertad de hablar a los corazones de todos. Precisamente ahí tienen la autonomía y el vuelo para inquietar , ahí tienen la posibilidad de sostener un cambio de ruta», puntualizó Bergoglio.

Palabras ya clarísimas, como de costumbre, las pronunciadas por Francisco en Bogotá, pero que fueron sucedidas por una jornada en Villavicencio dedicada completamente al núcleo del viaje y marcada por gestos elocuentes. Los colombianos, y claro que no solo ellos, entendieron así que el Papa fue al país para mostrar, también más allá de las palabras, que está de parte de quien intenta laboriosamente, día a día, construir la paz. En una jornada que encerraba encuentros conmovedores: con los militares en el aeropuerto poco antes de embarcar y por la tarde, de vuelta en la capital, con algunas víctimas de la guerra de más de medio siglo.

Precisamente en esta ciudad, en el corazón de la inmensa región de los Llanos, hacia la Amazonia, el Pontífice proclamó beatos a dos mártires, al obispo Jesús Emilio Jaramillo Monsalve y al sacerdote Pedro María Ramírez Ramos, señal de la presencia «de Dios con nosostros», aquel que no deja solo al hombre y también «expresión de un pueblo que quiere salir del pantano de la violencia y el rencor». A este pueblo, Bergoglio, en la fiesta de la Natividad de María, le explicó la genealogía de Cristo, que abre el relato del evangelista Mateo y, renovando la condena al machismo y a la violencia sobre las mujeres, dijo que la reconciliación es posible si abrimos a la luz del Evangelio «nuestras historias de pecado, violencia y desencuentro».

Y que esta reconciliación no es una palabra abstracta sino concreta, aunque difícil, lo mostraron en un segundo encuentro las palabras del Papa, conmovido visiblemente por los testimonios desgarradores de quien ha sufrido e infligido violencia. Delante de la imagen de un Cristo mutilado Francisco supo repetir con una fuera nueva la palabra del Evangelio, «que el amor es más fuerte que la muerte». Mirando a la cara a la realidad, que impone un camino realmente no fácil pero donde es necesario que verdad, justicia y misericordia vayan juntas: todas las tres esenciales, porque cada una «impide que las otras sean alteradas». Un camino estrecho, por lo tanto, pero que el Papa tiene el coraje y no se cansa de indicar. No solo a Colombia.

G.M.V.