La intuición de Magdalena (5 de diciembre de 2016)

PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

La intuición de Magdalena

Lunes 5 de diciembre de 2016

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 49, viernes 9 de diciembre de 2016

Con su intuición Magdalena entendió que Jesús quería “re-crearla”, no cubrir simplemente sus pecados con una operación de maquillaje: y precisamente ella, que ha tenido el valor de dar «nombre y apellido» a los propios pecados, fue señalada por Papa Francisco –en la homilía de la misa celebrada el lunes 5 de diciembre en la capilla de la Casa Santa Marta– como ejemplo para dejarse renovar verdaderamente por el Señor en lo más profundo.

La primera lectura, extraída de libro de Isaías (35, 1–10), «nos habla de renovación: regocíjese la estepa y florezca como flor porque le ha sido dada la gloria», hizo notar Francisco. Es decir «la estepa florecerá y lo que era desierto, lo que era feo, lo que estaba descartado estará lleno de flores, nuevo: se renovará». Así «la profecía de Isaías preanuncia la venida del Salvador: es el cambio de lo feo a lo bonito, de lo malo a lo bueno». Y «esto nos dará alegría, nos ayudará ya que preanuncia las sanaciones: “Se despegarán los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo”» y también en el desierto «“habrá una senda pura, vía sacra se la llamará”»; será «una senda que su pueblo recorrerá». Son palabras, explicó en Pontífice, que narran «un cambio a mejor; y así el pueblo esperaba el Mesías, esperaba esto que el profeta Isaías había anunciado» .

Y efectivamente «Jesús vino –afirmó el Papa– y Jesús curaba y Jesús enseñaba y Jesús hacía ver un camino de cambio a la gente y por esto la gente le seguía». Pero «no le seguía porque era de actualidad: le seguía porque el mensaje de Jesús llegaba al corazón». La Biblia dice «que él hablaba con autoridad, no como hablaban los doctores de la ley, y el pueblo entendía». Además «el pueblo veía que Jesús sanaba y le seguía también por esto: llevaban a muchos enfermos para que él les diese la salud». Todo esto es narrado en el pasaje evangélico de Lucas (5, 17-26) propuesto por la liturgia.

No obstante, puso en evidencia el Papa, «lo que hacía Jesús no era solamente un cambio de lo feo a lo bonito, de lo malo a lo bueno: Jesús hizo una transformación». Efectivamente «no es un problema de embellecer, no es un problema de maquillaje, de cosmético». En realidad, el Señor «ha cambiado todo desde dentro, ha cambiado con una re-creación: Dios había creado el mundo; el hombre ha caído en el pecado; viene Jesús a re-crear el mundo».

He aquí «el mensaje del Evangelio que se ve claro: antes de curar a ese hombre, Jesús perdona sus pecados» afirmó Francisco. Así el Señor «va allí, a la re–creación, re–crea ese hombre de pecador en justo: le re–crea como justo». En sustancia «lo hace nuevo, lo renueva y esto escandaliza». Por eso «los doctores de la ley comenzaron a discutir, a murmurar: “Pero ¿quien es este que hace estas cosas? ¿Con qué autoridad hace esto?”‌».

Jesús «escandalizaba» porque «es capaz de hacernos— a nosotros pecadores — personas nuevas», insistió el Pontífice. Precisamente «esto intuyó la Magdalena cuando fue donde él, lloró y lavó sus pies con sus lágrimas, las secó con sus cabellos». Ella «intuyó allí la sanación de su llaga: era una mujer sana, tenía salud, pero tenía una llaga dentro, era una pecadora». Así «intuyó que ese hombre podía sanar no solo su cuerpo, sino la llaga del alma: podía re-crearla». Pero «para esto es necesaria mucha fe». Tanto que para entenderlo, explicó Francisco, «hemos rezado hoy al Señor, en la oración colecta, para que nos ayude a prepararnos a la Navidad con gran fe».

«Para la sanación del alma, para la sanación existencial, la re-creación que trae Jesús, requiere gran fe, no es fácil» afirmó el Papa. Al respecto, hizo referencia a un diálogo evangélico: «“Todo es posible para los que creen” dijo Jesús al padre de ese niño después de la transfiguración; “Creo, Señor, pero ayúdame a tener fe” dijo ese hombre pobre». Porque también él entendió «que había algo más».

«Ser transformados: esta es la gracia de la salud que trae Jesús» prosiguió el Pontífice, añadiendo: «Muchas veces, cuando pensamos en esto, decimos: “pero, ¡yo no puedo!”», porque «comenzar una vida nueva, dejarme transformar, dejarme re-crear por Jesús es muy difícil». El mismo «Isaías profetiza: “Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes. Decid a los de corazón intranquilo: ¡Ánimo, no temáis! Mirad a vuestro Dios».

Es por esto, añadió el Papa, «“valentía” es la palabra de Dios: “Valentía, dejaros re-crear”». Por tanto «no sanar solamente, sino re-crear: re-crear; y esa raíz amarga florecerá, florecerá con las obras de justicia; y tú serás un hombre nuevo, una mujer nueva».

Francisco advirtió sobre la tentación de no dejarse re-crear por el Señor, limitándonos a reconocer que «sí, sí, yo tengo pecados», pero «voy, mi confieso, dos palabritas y continúo así». Es decir «solamente dos pinceladas y creemos que con esto ha terminado la historia». Sin embargo no, se trata de reconocer «mis pecados, con nombre y apellido: yo he hecho esto, esto, esto y me avergüenzo dentro del corazón». Así «abro el corazón: “¡Señor, lo único que tengo, re-créame, re-créame!”». Solo de esta forma «tendremos la valentía de ir con verdadera fe —come hemos pedido— hacia la Navidad». Sin tratar nunca «de esconder la gravedad de nuestros pecados».

El Papa quiso dar un ejemplo concreto respecto al pecado de la envidia, sugiriendo a quien admite tener solo «un poco» en vez de pensar que es «algo muy feo, como el veneno de la serpiente», porque se busca «destruir al otro». Por esta razón, añadió, es oportuno «ir al fondo de nuestros pecados y después darlos al Señor, para que Él los cancele y nos ayude a ir adelante con fe».

Antes de retomar la celebración, el Papa quiso contar «una historia: un gran santo, estudioso de la Biblia, tenía un carácter demasiado fuerte momentos de ira». Pero «él pedía perdón al Señor, siempre, haciendo mucha penitencia y ofrecía al Señor muchas renuncias y promesas». Ese «santo, hablando con el Señor decía: ¿Estás contento Señor?” — “¡No!” — “¡Pero te he dado todo!” — “No, falta algo”. Entonces el pobre hombre hacía otra penitencia, otro oración, otra vigilia: “Te he dado esto, Señor, ¿está bien?” — “No, falta algo” — “Pero, ¿qué falta Señor?” — “¡Faltan tus pecados, dame tus pecados!”».

Precisamente esto, concluyó el Pontífice, «es lo que hoy el Señor nos pide: “Valentía, dame tus pecados y yo te haré un hombre nuevo y una mujer nueva”». Que «el Señor —deseó— nos dé fe para creer en todo esto».