La historia de Claudia

2017-09-11 L’Osservatore Romano

La cuarta jornada del Papa Francisco en Colombia tuvo tres momentos importantes: la celebración de la misa en el aeropuerto Enrique Olaya Herrera de Medellín, la visita a la casa familia Hogar San José para niños abandonados o en situaciones desfavorecidas y el encuentro con sacerdotes, religiosas, consagrados y consagradas, seminaristas y sus familiares en el estadio cubierto de La Macarena.

«¡Diría que estáis en buenas manos!». Es el regalo del Papa al grupo que desde hace años acoge y da una respuesta a niñas y niños en situación de riesgo del Hogar San José, visitado el sábado, día 9 en Medellín. «Lo hace a través del cuidado cariñoso de todas las personas buenas que os acompañan, que os quieren y os educan», explicó el Papa a los centenares de pequeños huéspedes que lo abrazaron con entusiasmo, como sucedió en cada etapa de su viaje en Colombia. «Pienso en los responsables de esta casa, en el personal y en tantas otras personas que ya forman parte de vuestra familia», prosiguió el Papa: «Porque es esto lo que hace que este lugar sea una casa: el calor de una familia donde sentirnos amados, protegidos, aceptados, cuidados y acompañados».

Fueron muchos los testimonios, los cánticos y los bailes que diversos grupos habían preparado para el Papa. Cada niña tenía en la mano flores del campo de diversos colores, que cada una ofreció al Pontífice. Tal vez uno de los testimonios más duros fuera el de Claudia Yesenia: «Cuando tenía dos años perdí a mi familia en una masacre provocada por la guerrilla en San Carlos, Antioquía. Sobrevivimos solo diez niños y mi tía. Desde aquel momento nuestras vidas cambiaron, yo misma fui afectada, recibí un disparo en el abdomen y una bala me rozó la cabeza y me dejó astillas y por esto estuve mucho tiempo en el hospital».

«Mi tía -prosiguió la hermosa jovencita de pelo largo- no podía acogerme, pero conocía los Hogares intantiles San José y se dirigió a monseñor Armando Santamaría pidiendo ayuda. Nos acogió a todos, como nuestra segunda familia. Hoy tengo trece años y con alegría puedo decir que soy una niña feliz, porque la cercanía de la directora y de los formadores nos acompaña. El Hogar ha curado mi dolor y mi tristeza y con el amor que he recibido nos ha ofrecido a mí y a mis hermanos la oportunidad de una nueva vida».

«Estoy seguro -dijo el Papa- de que como San José protegió y defendió de los peligros a la santa Familia, así también os defiende a vosotros, os custodia y os acompaña. Y con él también Jesús y María, porque San José no puede estar sin Jesús y María». A los responsables, trabajadores y voluntarios de la casa, el Papa les recomendó dos ingredientes indispensables para tener presentes y cuidar con amor a «estos niños que desde pequeños han experimentado el sufrimiento y el dolor: el amor que sabe ver Jesús presente en los pequeños y débiles y el sagrado deber de llevar los niños a Jesús». Los niños «son el futuro de la sociedad colombiana, del mundo y de la Iglesia», concluyó Francisco: «Y el Papa os lleva en el corazón. No os olvidéis de rezar por mí».

De nuestra enviada
Silvina Pérez