José el soñador (20 de marzo de 2017)

PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

José el soñador

Lunes 20 de marzo de 2017

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 12, viernes 24 de marzo de 2017

En la solemnidad litúrgica de san José —este año pospuesta un día por coincidir con el tercer domingo de Cuaresma— el Papa Francisco celebró la misa en Santa Marta, el lunes 20 de marzo, deteniéndose precisamente en la figura del santo patrón de la Iglesia universal. En él, el Pontífice indicó el modelo de «hombre justo», de «hombre capaz de soñar», de «custodiar» y «llevar adelante» el «sueño de Dios» para el hombre. Por esto lo propuso como ejemplo para todos y de forma particular para los jóvenes, a los cuales José enseña a no perder nunca «la capacidad de soñar, de arriesgar» y de asumir «tareas difíciles».

Y muchos sueños para su futuro tenían seguramente las trece estudiantes que precisamente hace un año murieron en un accidente de tráfico en Cataluña mientras hacían el programa de estudios Erasmus. El Pontífice quiso expresamente ofrecer por ellas la celebración eucarística, en la que participaron también los parientes de las siete jóvenes italianas muertas en el accidente del autobús.

La meditación de Francisco hizo referencia a la liturgia de la Palabra que habla de «descendencia, herencia, paternidad, filiación, estabilidad»: todas expresiones, indicó, «que son una promesa pero después se concentran en un hombre, en un hombre que no habla, no dice una sola palabra, un hombre del cual se dice solamente que era justo. Y después un hombre que nosotros vemos que actúa como un hombre obediente». José.

Un hombre, prosiguió el Papa, «del cual no sabemos ni siquiera la edad» y que «lleva sobre sus hombros todas estas promesas de descendencia, de herencia, de paternidad, de filiación, de estabilidad del pueblo». Una gran responsabilidad que, como se lee en el Evangelio de Mateo (1, 16.18-21.24), se encuentra por completo concentrada «en un sueño». Aparentemente, dijo el Pontífice, todo esto parece «demasiado sutil», demasiado débil. Y sin embargo precisamente este «es el estilo de Dios» en el cual José se encuentra plenamente: él, un «soñador», es capaz «de aceptar esta tarea, esta dura tarea y que tiene tanto que decirnos a nosotros en este tiempo de fuerte sentido de orfandad». Así él acoge «la promesa de Dios y la lleva adelante en silencio con fortaleza, la lleva adelante para que se cumpla eso que Dios quiere».

Así se delinea «la figura de José: el hombre escondido, el hombre del silencio, el hombre que hace de padre adoptivo; el hombre que tiene la autoridad más grande en ese momento sin hacerla ver». Un hombre, añadió el Papa, que podría «decirnos tantas cosas», sin embargo «no habla»; que podría «mandar», ya que manda en el Hijo de Dios, sin embargo «obedece». A él, a su corazón, Dios confía «cosas débiles»: de hecho «una promesa es débil», así como es débil «un niño», pero también «una joven de la que él tuvo una sospecha». Debilidades que después continúan también en los eventos sucesivos: «pensemos en el nacimiento del niño, la fuga a Egipto...».

«Todas estas debilidades, explicó el Pontífice, José «las toma de la mano, las toma en su corazón y las lleva adelante como se llevan adelante las debilidades, con ternura, con mucha ternura, con la ternura con la que se toma en brazos a un niño». La liturgia, por eso, ofrece el ejemplo del «hombre que no habla sino que obedece, el hombre de la ternura, el hombre capaz de llevar adelante las promesas para que se conviertan en sólidas, seguras; el hombre que garantiza la estabilidad del Reino de Dios, la paternidad de Dios, nuestra filiación como hijo de Dios». He aquí por qué, reveló el Papa, «me gusta pensar en José como el guardián de las debilidades», también «de nuestras debilidades». De hecho él «es capaz de hacer nacer muchas cosas bonitas de nuestras debilidades, de nuestros pecados». Él «es guardián de las debilidades para que se conviertan en firmes en la fe».

Una tarea fundamental que José «recibió en sueños», porque él era «un hombre capaz de soñar». Por tanto él no solo «es guardián de nuestras debilidades, sino que también podemos decir que es el guardián del sueño de Dios: el sueño de nuestro Padre, el sueño de Dios, de la redención, de salvarnos a todos, de esta recreación, está encomendado a él».

«¡Grande este carpintero!», exclamó el Pontífice, subrayando una vez más cómo él, «callado, trabaja, custodia, lleva adelante las debilidades, es capaz de soñar». Y a él, dijo Francisco, «yo quisiera pedir: nos dé a todos nosotros la capacidad de soñar porque cuando soñamos cosas grandes, cosas bonitas, nos acercamos al sueño de Dios, las cosas que Dios sueña para nosotros».

En conclusión, una intercesión particular: «Que dé a los jóvenes —porque él era joven— la capacidad de soñar, de arriesgar y tomar las tareas difíciles que han visto en los sueños». Y a todos los cristianos, finalmente, done «la fidelidad que generalmente crece en una actitud adecuada, crece en el silencio y crece en la ternura que es capaz de custodiar las propias debilidades y las de los otros».