Homenaje a las mujeres misioneras- La fiesta del 8 de marzo tras la masacre de Aden

2016-03-08 L’Osservatore Romano

«Seguimos rezando juntas por la hermana que sobrevivió y por el padre salesiano de quien no se tienen más noticias». La hermana Cyrene, provincial para Italia de las misioneras de la caridad conoció hace diez años a la hermana Marguerite, originaria de Ruanda, una de las cuatro religiosas horriblemente asesinadas el viernes pasado junto con otras doce personas en un centro de acogida para los ancianos y discapacitados cerca de la ciudad yemení de Aden.

La religiosa está aún comprensiblemente conmocionada por los acontecimientos y todas las palabras que emplea en una breve conversación telefónica con «L'Osservatore Romano» son para explicar sentido de la misión heredada de la madre Teresa de Calcuta y la tenacidad con la que en todos los rincones del planeta las misioneras del sari blanco tratan de permanecer fieles incluso ante las dificultades, el miedo, y hasta cuando todo aconseja abandonar y huir. «Nosotras no dejamos a los pobres. Es impensable», dice la religiosa que en cada frase recuerda la lección recibida de la fundadora. «La Madre siempre nos ha enseñado esto. Si estamos solas y no tenemos personas a las que cuidar, ante el peligro, cambiamos de lugar, vamos a otra parte. Pero si tenemos a los pobres, los enfermos, los paralíticos... ¿cómo podríamos? La Madre siempre lo ha hecho así, aún la recuerdo en Beirut con los niños bajo los bombardeos. Así lo hicimos hace años en Liberia. Así lo hacemos en Siria. Y así lo hacemos también en Yemen, donde, no lo olvidemos, tenemos otras casas». Lo que realmente «hace daño», añade, es «la indiferencia en el corazón de tanta gente por las condiciones y la suerte que corren los pobres y los últimos».