He visto que la vida comienza de nuevo
2012-06-26 L’Osservatore Romano
«Se puede construir, se puede reconstruir». El Papa conjuga realismo y esperanza en el corazón de la Emilia Romaña devastada por el sisma. «Somos pequeños, frágiles —reconoce— pero seguros» en las manos de Dios, «confiados en su Amor que es sólido como una roca». Por eso hace falta «paciencia y determinación» para no perder la confianza y volver a encontrar la fuerza para volver a levantarse. «He visto que la vida comienza de nuevo» dice mirando a su alrededor.
Palabras
que suenan como una pequeña inyección de confianza para las numerosas personas
que el martes, 26 de junio, por la mañana se reunieron en Rovereto di Novi para
acoger a Benedicto XVI en visita a las zonas devastadas.
Llegado en helicóptero al campo deportivo de San Marino de Carpi, el Pontífice se dirigió a bordo de una furgoneta al pueblo modenés, parándose delante de la iglesia de Santa Catalina de Alejandría, en cuyo derrumbe el 29 de mayo perdió la vida el párroco don Ivan Martini. Durante el acto de homenaje a su memoria, el Papa dedicó palabras de agradecimiento a todos los sacerdotes pero también a los representantes del voluntariado y de los diversos organismos sociales y religiosos comprometidos en «dar un testimonio concreto de solidaridad y unidad».
«Sentía de manera cada vez más fuerte la necesidad de venir en persona en medio de vosotros» ha confesado a la gente que lo escuchaba en silencio. «Querría —añadió— que todos, en cada pueblo, sintierais cómo el corazón del Papa está cercano al vuestro para consolaros, pero sobre todo para animaros y sosteneros». De hecho, también en el miedo y en la angustia es posible experimentar «la certidumbre de que Dios está con nosotros, como el niño que sabe siempre que puede contar con su madre y con su padre, porque se siente amado, querido, ocurra lo que ocurra».
Por eso no hay que ceder a la tentación del desaliento y de la desesperación. «¡No estáis y no estaréis solos!», exclamó Benedicto XVI lanzando «un fuerte llamamiento a las instituciones» y «a todos los ciudadanos» para que la indiferencia deje lugar al amor y a la solidaridad con los necesitados.




