Fallece el jesuita Salvador Angelo Mura-Fue secretario de Bergoglio en los años en los que fue provincial en Argentina

2017-12-05 L’Osservatore Romano

Algunos minutos en silencio, en oración, delante del féretro del viejo amigo, el hermano jesuita Salvador Angelo Mura, en la capilla de la curia generalicia de la Compañía en Borgo Santo Spirito. En la mañana del 5 de diciembre, este fue el último saludo del Papa Francisco a su antiguo colaborar, hermano socio, en los años setenta, cuando Bergoglio era provincial de los jesuitas de Argentina.

El hermano Salvador falleció el sábado 2 en el hospital Filippo Neri donde estaba ingresado. Tenía ochenta y cuatro años y todavía estrecha, aunque siempre discreta, era la unión con el Papa. Una unión manifiesta no solo por algunas llamadas, del interés del Pontífice por sus ya delicadas condiciones de salud, sino sobre todo por la oración recíproca. Y precisamente la oración era para el hermano Mura la forma de continuar ese servicio que había empezado hace más de cuarenta años. Rezaba por el Papa e invitaba a todos a hacer lo mismo. «Cada día – nos dice padre Gonzalo Silva, el superior de la casa San Pietro Canisio en Roma, donde Mura vivió en los últimos años — el hermano Salvador veía la televisión y buscaba noticias para estar actualizado sobre las actividades del Pontífice».

Nacido en Buenos Aires el 15 de julio de 1933, Mura tenía orígenes italianos: sus hermanos de hecho nacieron en Cerdeña. Dejó un trabajo como empleado, ingresó en la Compañía con treinta años y pronunció los votos en 1975, cuando ya era colaborar de Bergoglio. Después del encargo como estrecho colaborador del provincial, hermano Salvador fue misionero en San José del Boquerón, en la provincia de argentina de Santiago del Estero, y en la comunidad de Resistencia.

En Italia, donde se trasladó a los 31 años, desarrolló su servicio en el Pontificio instituto oriental, fue colaborador del cardenal jesuita Paolo Dezza y fue también encargado, en Roma, de las «habitaciones de san Ignacio» en el Gesù. «Nunca – recuerda el escritor de «Civiltà Cattolica» Diego Fares – perdió su dimensión de servicio, manteniendo siempre ese trato gentil que lo distinguía». Lo confirma el padre Silva: «El hermano Salvador era un hombre de carácter fuerte, pero siempre amable y acogedor». Y así fue recordado también durante el funeral, el martes 5 de diciembre, a última hora de la mañana. Lo celebró el prepósito general de la Compañía de Jesús, el padre Arturo Sosa Abascal. Con él, en el altar de la capilla de la curia generalicia, estaban el padre Silva y el delegado para las casas de los jesuitas en Roma, el padre Juan Antonio Guerrero Alves.

Al finalizar la misa, un testimonio conmovedor contó la «extrema discreción y la indoblegable fidelidad» del hermano Salvador, su capacidad de ser cercano a los amigos, de aconsejar e infundir confianza. Y su cercanía al amigo Pontífice: incluso en la enfermedad que lo obligaba a ir en silla de ruedas, también cuando estaba en el hospital para una operación, «invitaba a rezar por el Papa, por todos sus compromisos y por todos sus problemas».