Entre los muros vaticanos
Cuando de la información se pasa a la deformación de las noticias, esta visión distorsionada puede ofuscar incluso las realidades más positivas. Curia romana y Gobernación son, en su conjunto, una comunidad de trabajo al servicio del Papa, aunque alguno puede faltar a sus deberes. Diversidad de opinión no significa división y, entre los purpurados, personalidades diversas por nacionalidad, cultura y sensibilidad expresan evidentemente juicios diferentes. Los cardenales de Curia alrededor del Romano Pontífice, animados todos los días por la gran bondad de Benedicto XVI y por sus sabias directrices, están contentos de poder trabajar para él.
Estos
son los puntos principales de una entrevista concedida a «L’Osservatore Romano»
del cardenal decano Angelo Sodano, que ha prestado servicio a la Santa Sede
desde hace más de cincuenta años, dieciséis de los cuales como secretario de
Estado. ¿Cómo juzga el comportamiento de los medios de comunicación de cara a
los últimos episodios que se han producido en el Vaticano?
La prensa tiene ciertamente la misión de informar a la opinión pública sobre
la Santa Sede. Por ejemplo, he visto con mucho gusto que se ha dado gran
relieve a la visita de Benedicto XVI a Milán para el Encuentro mundial de las
familias: y de este modo a la contribución del Papa y de la Iglesia para ayudar
a los damnificados por los terremotos en Emilia y para apoyar a los cristianos
de Nigeria, probados por acontecimientos dramáticos. Sin embargo, viene
espontáneamente un juicio distinto cuando de la información se pasa a la
deformación de las noticias. En realidad, frente a los fenómenos negativos
algunas veces se da la tentación de enmarcarlos en una visión distorsionada que
puede ofuscar la belleza del conjunto.
El Vaticano es un pequeño mundo muy variado, en las diferentes oficinas
tanto de la Curia romana como de la Gobernación. ¿Qué decir al respecto?
Como ya se sabe, la Curia es el conjunto de los dicasterios y organismos que
colaboran con el Romano Pontífice en el servicio a la Iglesia universal. La
Gobernación, en cambio, se encarga del gobierno del Estado de la Ciudad del
Vaticano. Dada la naturaleza de la Curia, su personal es sobre todo
eclesiástico, mientras que el de la Gobernación es en su mayoría laico. Son
hombres y mujeres de las nacionalidades más diversas, que conocen bien la
importancia de su trabajo para el Sucesor de Pedro, Pastor de la Iglesia
universal. Según las últimas estadísticas, 2.843 personas prestan su servicio en
la Curia, y 2.001 en la Gobernación. Por experiencia personal puedo asegurar
que en general se esfuerzan por formar una verdadera comunidad de trabajo, al
servicio del Papa. Obviamente, en una comunidad tan numerosa, alguno puede
también faltar a sus deberes. ¡Impecables son sólo los ángeles y los santos del
Paraíso!
Algún órgano de prensa también ha hablado de la existencia de divisiones
entre los cardenales de Curia.
A decir verdad, esta afirmación me ha sorprendido. En realidad no debería
haberme sorprendido. Nuestro antiguo profesor de filosofía, durante los estudios
de bachillerato en el seminario de Asti, nos decía: «¡No os maravilléis de nada;
maravillaos sólo cuando veáis que el Po ya no tiene riberas!». Y, sin embargo,
la insinuación de varias maniobras me ha sorprendido, porque diversidad de
opinión no significa división. ¡Cuántas veces he votado en reuniones de
cardenales, sin haberme sorprendido nunca de que uno votara a favor y otro en
contra. Éramos amigos y seguíamos siendo amigos. Al final, a la luz de los
diversos votos, el Santo Padre así podía decidir libremente, con todos los
elementos de juicio que se le ofrecían. Esto ocurre también en los consistorios,
a los cuales se invita a todos los purpurados del mundo. Como es sabido, hoy
los cardenales son 209. Y lo mismo ocurre en las reuniones de los jefes de los
dicasterios de Curia o, en cualquier modo, residentes en Roma: aquí somos 75 en
total. Por tanto, es muy comprensible que entre personalidades distintas,
diferentes por nacionalidad, por cultura, por sensibilidad social, existan
juicios diversos sobre varios métodos de trabajo. ¿Quién no recuerda que ya al
inicio de la Iglesia había controversias? Por ejemplo, entre Pablo y Bernabé en
el anuncio del Evangelio. «Se produjo una gran tensión, hasta el punto de que se
separaron el uno del otro» se lee en los Hechos de los Apóstoles (15, 39). Y
Bernabé fue a Chipre, mientras Pablo se dirigió a Siria. Durante los siglos han
surgido en la Iglesia las órdenes religiosas más distintas. Entre sus métodos
apostólicos aparecen a veces contraposiciones, pero después todo se recompone en
la unidad fundamental del mismo espíritu de servicio a la Iglesia de Cristo.
Secretario de Estado durante dieciséis años, ¿qué puede decir de este
cargo y de quien ha tenido esta responsabilidad?
Cada uno tiene su personalidad y cada uno encuentra problemas diferentes, dependiendo de los tiempos. Aunque por un breve tiempo, conocí al cardenal Domenico Tardini, muerto en 1961. Después tuve contactos frecuentes con los sucesivos secretarios de Estado: Amleto Cicognani, Jean Villot e Agostino Casaroli. Ahora estoy contento de colaborar, en lo que todavía puedo, con mi sucesor, el cardenal Tarcisio Bertone, al cual me vincula una antigua familiaridad y un espíritu común de servicio al Romano Pontífice. Todos los cardenales de Curia intentamos formar un «cenáculo apostólico» reunido en torno al Sucesor de Pedro, sin sorprendernos de las dificultades del momento. En ello a todos nos animan cada día la gran bondad de Benedicto XVI y sus sabias directrices, y nos sentimos contentos de poderle prestar nuestro servicio. Monseñor Giuseppe Del Ton, que era un gran latinista, en una poesía compuesta en la lengua de Virgilio y de Horacio describió la cúpula de San Pedro como símbolo de la estabilidad de la Iglesia. Eran los años difíciles de la última guerra mundial y al prelado le parecía que la cúpula de San Pedro decía: he visto otros vientos, he visto otras tempestades (alios vidi ventos, aliasque tempestates). Esta es la serenidad que la historia, maestra de vida, nos enseña también a nosotros.




