En el camino del buen pastor (30 de octubre de 2017)

PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

En el camino del buen pastor

Lunes 30 de octubre de 2017

Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 44, viernes 3 de noviembre de 2017

Hay cinco verbos «de cercanía» que Jesús vive en primera persona y que indican los criterios del «protocolo final»: ver, llamar, hablar, tocar, sanar. Sobre esto serán juzgados no solo los pastores, los primeros en correr el riesgo de ser «hipócritas», sino todos los hombres. Con la advertencia de que no bastan solo hermosas palabras y buenas maneras, porque Jesús nos pide tocar con la mano la carne del otro, sobre todo si sufre. Es este «el camino del buen pastor» que el Papa indicó en la misa celebrada el lunes 30 de octubre en Santa Marta.

«En este paso del Evangelio —señaló Francisco inmediatamente refiriéndose al pasaje de san Lucas (13, 10-17)— encontramos a Jesús no en el camino, como era su costumbre, sino en la sinagoga: el sábado la comunidad va a la sinagoga a rezar, a escuchar la palabra de Dios y también la prédica; y Jesús estaba allí, escuchando la palabra de Dios». Pero «enseñaba también, porque como tenía una autoridad, una autoridad moral muy grande, lo invitaban a dirigir unas palabras», precisamente para «enseñar a la gente». Y «en la sinagoga había una mujer que estaba encorvada, completamente encorvada, pobre, y no era capaz de estar derecha: una enfermedad de la columna la mantenía así desde hace años».

Y «¿qué hace Jesús? A mí me impresionan —reveló el Papa— los verbos que usa el evangelista para decir lo que hizo Jesús: “vio”, la vio; “llamó”, la llamó; “le dijo”; “impuso sus manos sobre ella y la sanó”». Son «cinco verbos de cercanía».

Antes de nada, explicó el Pontífice, «Jesús se acercó a ella: la actitud del buen pastor, la cercanía». Porque «un buen pastor es cercano, siempre: pensemos en la parábola del buen pastor que Jesús predicó», tan «cercano» a la oveja «descarriada que deja a las demás y va a buscarla».

Por lo demás, Francisco afirmó que «el buen pastor no puede estar lejos de su pueblo y esa es la señal de un buen pastor: la cercanía. En cambio, los demás, en este caso el jefe de la sinagoga, aquel grupito de clérigos, doctores de la ley, algunos fariseos, saduceos, los ilustres, vivían separados del pueblo, empobreciéndolo continuamente». Pero, reafirmó el Papa, «estos no eran buenos pastores, estaban cerrados en su propio grupo y no les importaba el pueblo: tal vez les importaba, cuando había terminado el servicio religioso, ir a ver cuánto dinero había en las ofrendas, eso les importaba, pero no estaban cerca del pueblo, no estaban cerca de la gente».

He aquí que «Jesús siempre se presenta así, cercano», señaló el Pontífice. Y «tantas veces aparece en el Evangelio que la cercanía viene de aquello que Jesús siente en el corazón: “Jesús se conmovió”, dice, por ejemplo, un pasaje del Evangelio, siente misericordia, se acerca». Por esta razón, «Jesús siempre estaba allí con la gente abandonada por aquel grupito clerical: estaban allí los pobres, los enfermos, los pecadores, los leprosos: estaban todos allí porque Jesús tenía esa capacidad para conmoverse frente a la enfermedad, era un buen pastor». Y «un buen pastor se acerca y tiene capacidad de conmoverse».

«Y yo diré —afirmó Francisco— que la tercera parte de un buen pastor es no avergonzarse de la carne, tocar la carne herida, como hizo Jesús con esta mujer: “tocó”, “impuso las manos”, tocó a los leprosos, tocó a los pecadores». Es «una cercanía muy cercana, cercana». Tocar «la carne», por lo tanto. Porque «un buen pastor no dice: “Pero, sí, está bien, sí, sí, yo estoy cerca de ti en espíritu”». En realidad «esto es distancia» y no cercanía.

En cambio, insistió el Papa «el buen pastor hace lo que hizo Dios Padre, acercarse, por compasión, por misericordia, a la carne de su Hijo, eso es un buen pastor». Y «el gran pastor, el Padre, nos ha enseñado como se es un buen pastor: se agachó, se vació, se vació a sí mismo, se rebajó y tomó condición de siervo».

Precisamente «este es el camino del buen pastor» explicó el Pontífice. Y aquí nos podemos preguntar: «Pero, y los demás, los que siguen el camino del clericalismo, ¿a quién se acercan?» esos, respondió Francisco, «se acercan siempre al poder de turno o al dinero y son malos pastores: ellos piensan solo en cómo subirse al poder, ser amigos del poder y negocian todo o piensan en el bolsillo y esos son los hipócritas, capaces de todo». Seguramente «el pueblo no le importa a esta gente. Y cuando Jesús les dice ese buen adjetivo que utiliza tantas veces con estos —“hipócritas”— ellos se ofenden: “Pero nosotros no, nosotros seguimos la ley”». En cambio, «la gente estaba contenta: es una lástima que el Pueblo de Dios vea cuándo los malos pastores son golpeados; es una lástima, sí, pero han sufrido tanto que “gozan” de esto un poco».

«Pensemos —fue la sugerencia del Pontífice— en el buen pastor, pensemos en Jesús que ve, llama, habla, toca y sana; pensemos en el Padre que se hace carne en su Hijo, por compasión». Y «este es el camino del buen pastor, el pastor que hoy vemos aquí, en este pasaje del Evangelio: es una gracia para el Pueblo de Dios tener buenos pastores, pastores como Jesús, que no se avergüenzan de tocar la carne herida, que saben que sobre esto —no solo ellos, sino todos nosotros— seremos juzgados: estaba hambriento, estaba en la cárcel, estaba enfermo...».

«Los criterios del protocolo final —concluyó el Papa— son los criterios de la cercanía, los criterios de esta cercanía total» para «tocar, compartir la situación del Pueblo de Dios». Y «no olvidemos esto: el buen pastor está siempre cerca de la gente, siempre, como Dios nuestro Padre se acercó a nosotros, en Jesucristo hecho carne».