El hipócrita es siempre un adulador (6 de junio de 2017)

PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

El hipócrita es siempre un adulador

Martes 6 de junio de 2017

Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 23, viernes 9 de junio de 2017

«Un verdadero cristiano no puede ser hipócrita y un hipócrita no es un verdadero cristiano»: contra la tentación de la «doble cara» el Papa Francisco usó un lenguaje directo, sin equívocos. Lo hizo en la misa que celebró en Santa Marta el martes 6 de junio, durante la cual tomó el pasaje del Evangelio de Marcos (12, 13-17) en el que «algunos fariseos y herodianos» buscaban el error en Jesús.

«En el pasaje del Evangelio —hizo notar— hay una palabra que Jesús usa mucho para calificar a los doctores de la ley: «Pero Él conociendo su hipocresía: “hipócritas” es la palabra que más usa para calificarles». Estos, explicó Francisco, son «hipócritas porque hacen ver una cosa, pero piensan otra»: ellos, en efecto, añadió aludiendo a la etimología griega de la palabra, «hablan, juzgan, pero hay otra cosa por debajo». Nada más distante de Jesús: la hipocresía, en efecto, «no es el lenguaje de Jesús. La hipocresía no es el lenguaje de los cristianos». Es un dato absolutamente «claro».

Pero si Jesús se preocupa de subrayar esta característica, es necesario comprenderla a fondo y, por lo tanto, resaltar «cómo proceden», cómo se comportan los hipócritas.

Sobre todo, dijo el Papa, «el hipócrita siempre es un adulador, en tono mayor o menor, pero es un adulador». Así, por ejemplo, ellos se dirigen a Jesús diciéndole: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios». Utilizando, así, «esa adulación que suaviza el corazón y suaviza la vida».

Por tanto, los «hipócritas siempre comienzan con la adulación. Y luego hacen una pregunta». En las técnicas de la adulación están también el «no decir una verdad», el «exagerar», el «hacer crecer la vanidad». Al respecto el Pontífice recordó a un sacerdote —«conocido hace mucho tiempo, no aquí»— que, «pobrecillo, se creía todas las adulaciones que le hacían, era su debilidad. Y los compañeros decían de él que había aprendido mal la liturgia», porque no había comprendido bien el verdadero sentido de la «incensación».

Así, continuó el Papa, «la adulación comienza así, pero con mala intención». Esto se entiende bien también leyendo el pasaje evangélico: los fariseos, para poner a prueba a Jesús, «le adulan para que Él crea esto y resbale». Es la técnica del hipócrita: «te hace ver que te quiere, siempre te hincha, para alcanzar su objetivo».

Luego está, añadió Francisco, «un segundo aspecto» que hay que subrayar que se encuentra en «lo que hace Jesús». Ante el gesto del hipócrita que, con su «doble cara», hace una pregunta justa pero «con una intención injusta» —preguntan: «¿es justo pagar a César, es justo?»— Jesús «conociendo su hipocresía, dice claramente: “¿por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea”». He aquí el método de Jesús: siempre «a los hipócritas y a los ideológicos responde con la realidad. La realidad es así, todo lo demás es hipocresía o ideología».

Por ello Jesús dice: «traedme un denario». Quiere efectivamente mostrar «la realidad» y responder «con sabiduría»: «lo del César, devolvédselo al César —la realidad era que el denario tenía la imagen del César— y lo de Dios, a Dios».

Por último, dijo el Pontífice, es necesario subrayar «un tercer aspecto» relativo al «lenguaje de la hipocresía» es decir que eso «es el lenguaje del engaño, es el mismo lenguaje que el de la serpiente a Eva, es el mismo. Comienza con la adulación: “No... si coméis de esto seréis grandes, conoceréis todo...”, para destruirla».

La hipocresía explicó el Papa, «destruye, la hipocresía mata, mata a las personas, incluso arranca la personalidad y el alma de una persona. Mata a las comunidades». Y añadió: «Cuando hay hipócritas en una comunidad hay un peligro grande ahí, hay un peligro muy feo». Por ello «el Señor Jesús nos dijo: “sea vuestro hablar: sí, sí, no, no. Lo superfluo procede del maligno”. Fue claro». Y respecto a ello, recordó Francisco, «Santiago en su Carta es más fuerte todavía: “que vuestro sí sea sí y vuestro no sea no”».

Palabras claras que nos hacen entender hoy a nosotros «cuánto mal» haga a la Iglesia la hipocresía. Cuánto mal provocan «esos cristianos que caen en esta actitud pecaminosa que mata». Porque, reiteró el Pontífice, «el hipócrita es capaz de matar a una comunidad. Está hablando dulcemente, está juzgando mal a una persona. El hipócrita es un homicida». En conclusión el Papa resumió su reflexión recordando que la hipocresía «comienza con la adulación», que a esta se responde solo «con la realidad», y que la hipocresía usa «el mismo lenguaje del diablo que siembra esa lengua bífida en las comunidades para destruirlas».

Por ello, sugirió, «pidamos al Señor que nos custodie para no caer en este vicio de la hipocresía, del maquillarnos la actitud pero con intenciones malvadas. Que el Señor nos dé esta gracia: “Señor, que yo nunca sea hipócrita, que sepa decir la verdad y si no puedo decirla, estar callado, pero nunca, nunca, una hipocresía”».