El deber de responder a los desafíos migratorios - Entrevista al scalabriniano Fabio Baggio

2017-08-08 L’Osservatore Romano

«Para combatir el tráfico y la trata de migrantes» es necesario «abrir caminos de acceso legales y seguros, a través de políticas y leyes específicas y a largo plazo», visto que «las políticas migratorias restrictivas han contribuido a menudo al aumento del ofrecimiento de canales alternativos de migración». Es el deseo que el scalabriniano Fabio Baggio, que en esta entrevista al Osservatore Romano habla de su experiencia en estos primeros meses de trabajo como subsecretario de la Sección migrantes y refugiados del dicasterio para el Servicio del desarrollo humano integral.

Con el histórico viaje a Lampedusa el Papa Francisco puso en el centro de su pontificado la acogida y el respeto de la dignidad de los inmigrantes. ¿Una elección confirmada también por la institución de vuestro dicasterio?

Diría que sí visto que dentro se ha constituido una sección especial dedicada a las cuestiones inherentes migrantes, refugiados, víctimas de la trata. El Pontífice ha querido tomar sobre sí ad tempus la guía de esta sección. Esta última responde en primer lugar a su voluntad de asistir a las conferencias episcopales y a las diócesis en el desarrollo de respuestas pastorales adecuadas a los desafíos migratorios contemporáneos a través del ofrecimiento de informaciones fiables, la producción de valoraciones científicas y reflexiones teológicas sobre cuestiones de competencia, la formación de directrices y programas.

¿Cómo ha vivido estos primeros meses de trabajo en el dicasterio?

Como misionero scalabriniano he decidido dedicar toda mi vida a los hermanos y a las hermanas migrantes. Poder hacerlo en el «corazón» de la Iglesia y al servicio directo del Pontífice es un gran honor. La experiencia de subsecretario de la Sección migrantes y refugiados se ha revelado mucho más rica y atractiva de lo que había imaginado el pasado noviembre, cuando di mi disponibilidad al Papa Francisco. A pesar de que los desafíos son enormes — y desde el punto de observación en el que me encuentro hoy se ven en toda su urgencia — me consuela la preocupación pastoral que he encontrado en muchos obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que he podido ver en estos meses. Están todos entusiasmados por la atención demostrada por el Santo Padre hacia los migrantes y los refugiados de cada continente. Todos han manifestado una total disponibilidad para coordinar los esfuerzos para que sea más tangible el amor maternal de la Iglesia hacia estos hermanos y hermanas nuestras.

La solidaridad de los migrantes es un imperativo para los cristianos. ¿Cómo realizarla en la vida cotidiana de las comunidades parroquiales?

El Papa Francisco ha hablado a menudo sobre la necesidad de promover la cultura del encuentro en contraposición con la cultura de la indiferencia y del descarte, que de forma amenazadora parecen adquirir espacios importantes en las sociedades contemporáneas. El deber sagrado de la hospitalidad, varias veces reiterado en el Antiguo Testamento, encuentra su consagración definitiva en la parábola del juicio universal(Mateo 25, 31-46), donde Jesucristo se identifica con el forastero que llama a la puerta pidiendo ser acogido. Me permito añadir que además de ser un deber, la acogida del otro, del forastero, del diferente, representa para cada cristiano una verdadera oportunidad de encuentro íntimo y personal con Dios, presente en la persona acogida. Para las comunidades parroquiales se trata de una verdadera oportunidad para vivir la catolicidad de la Iglesia, en la cual todos los bautizados pueden reivindicar el derecho de ciudadanía. Para todos los cristianos se trata de una verdadera oportunidad misionera, una ocasión providencial de testimoniar la propia fe a través de la caridad.

de Nicola Gori