El camino de la curación

2017-11-29 L’Osservatore Romano

Solo hace un año la visita del Papa a Myanmar habría parecido «un puro sueño». Lo dijo el arzobispo de Rangún, el cardenal Charles Bo, en el saludo al Pontífice que había acabado de celebrar una misa en la que participaron católicos llegados de cada parte del país: muchas decenas de millares de personas que participaron en la liturgia con un recogimiento impresionante. «Somos como Zaqueo, en medio de las naciones no podíamos ver a nuestro pastor. Y como Zaqueo hemos sido llamados: baja, quiero detenerme en tu casa», dijo después el cardenal evocando así el episodio de la visita de Jesús al publicano narrada en el evangelio de Lucas al inicio de decimonoveno capítulo. Y ahora «volvamos a casa con una extraordinaria energía espiritual, orgullosos de ser católicos», porque «hoy se ha producido un milagro» exclamó el arzobispo.

El agradecimiento del cardenal, primero en vestir de purpurado en la historia del país, explicó como mejor no se hubiera podido hacer el significado de la visita, la primera a Myanmar de un Pontífice. Y, a su vez, fue presentado como un peregrino, llegado aquí «para escuchar y aprender de vosotros» y ofrecer «palabras de esperanza y consolación». Palabras que indicaron la vía de la curación de muchas heridas, «tanto visibles como invisibles». Un camino que la Iglesia, minoritaria pero realmente «viva» en esta nación, está concretamente llevando a «un gran número de hombres, mujeres y niños, sin distinciones de religión y de procedencia étnica» subrayó el Papa Francisco.

En un país casi completamente budista, el Pontífice se encontró después con su organismo religioso más importante, constituido por cuarenta monjes, en «una importante ocasión para renovar los lazos de amistad y respeto entre budistas y católicos», como hizo notar inmediatamente Bergoglio. Más allá de ser «una oportunidad para afirmar nuestro compromiso por la paz, el respeto de la dignidad humana y la justicia» y por ayudar a ambas religiones «a luchar por una mayor armonía en sus comunidades» añadió el Papa.

También en el discurso a los monjes volvió el motivo de la curación que Francisco había indicado pocas horas antes durante la misa, augurando que los budistas y los católicos puedan «caminar juntos a lo largo de este camino de curación y trabajar uno al lado del otro por el bien de cada habitante de esta tierra». En esta tarea de superar las consecuencias de los conflictos que han llenado de sangre durante décadas el país, la Iglesia católica es «un socio disponible» aseguró el Pontífice. Pero sin olvidar que «el gran desafío de nuestros días es el de ayudar a las personas a abrirse a los trascendental». Trabajando juntos para superar cada hostilidad, conscientes de una consonancia entre las dos tradiciones religiosas que afirman ambas la necesidad de superar el mal con el bien.

Y de curación el Papa habló finalmente, por tercera vez, a los obispos, en un discurso que articuló en otras dos palabras: acompañamiento y profecía. Dirigiéndose a los testigos del Evangelio que deben acompañar al rebaño, teniendo «el olor de las ovejas», como a menudo se repite, pero también «el olor de Dios». Sin olvidar que la primera tarea del obispo es la oración.

g.m.v.