Contra las mujeres- Sentencias relativas a las parejas de hombres

2017-03-14 L’Osservatore Romano

Hemos sido muchos los que hemos identificado un diseño político detrás de casos recientes de sentencias que en Italia han reconocido la posibilidad de ser padres a las parejas homosexuales, no obstante la persistente ausencia de leyes que lo permitan. Es decir la posibilidad de eludir, a través de la sentencia de un tribunal, la prohibición de la ley. Esta praxis constituye un hecho desconcertante, porque en los países democráticos las leyes son hechas y votadas por un parlamento electo, y por eso representativo de las opiniones de los ciudadanos. En consecuencia, no se puede negar que, con estas iniciativas, se traspasa de hecho la voluntad popular, infligiendo un daño no irrelevante a la democracia.

Pero hay otro aspecto, todavía más inquietante, detrás de esta manera de proceder. Las decisiones tomadas por los tribunales afectan casi todas, quizás el noventa por ciento, a parejas de homosexuales hombres. Cierto esto, desde el punto de vista social, se explica muy bien: los hombres todavía son favoritos respecto a las mujeres desde el punto de vista de la renta y del acceso a los recursos, por consiguiente para ellos es más fácil actuar en un juicio para eludir la ley, para satisfacer su propio deseo. Pero la mayor fuerza social no explica todo.

También hay otro aspecto, efectivamente. En general, las parejas homosexuales de hombres con hijos intentan y obtienen una mayor visibilidad respecto a las femeninas. Basta pensar en las exhibiciones triunfales del hijo por parte de personajes famosos con su pareja. No es casual. En estos casos no es exhibida sólo una felicidad familiar alcanzada, sino mucho más: es exhibida como posible una realidad imposible. Los dos hombres parecen querer celebrar un resultado que de hecho es un hurto, un atraco, que consiste en haber robado finalmente a las mujeres lo que el género masculino les ha envidiado mayormente siempre, es decir, la posibilidad de dar la vida. En los casos más graves, la madre gestante, reducida a puro instrumento del deseo masculino, pagada como un animal de reproducción, es de hecho cancelada. En otros casos también la adopción, aunque sólo desde el punto de vista simbólico, cancela la presencia materna, la declara no necesaria.

La exhibición, de todos modos, no hace sino confirmar que el hijo es de dos hombres, venido al mundo gracias a la fuerza eficiente de su deseo. Todos sabemos que es falso, que existe en realidad una madre gestante, una que ha vendido el óvulo, o también una que ha abandonado al hijo, pero la imagen de dos hombres y del niño querría convencer al observador que estamos ante una realidad ya indiscutible.

¡Nada que ver con la envidia del pene, sería para decirle al doctor Freud! Y hay otra confirmación en el aspecto negativo de lo que acabamos de decir: las mujeres que, cierto, en menor medida, intentan formar una familia homosexual, no se exhiben nunca, prefieren estar en la sombra, quizás también para proteger a los hijos de una curiosidad fastidiosa.

Todo esto impone reflexionar sobre las posibles consecuencias de lo que está ocurriendo. El objetivo declarado es afirmar el derecho a la filiación de los homosexuales, anunciado por alegres familias arcoíris y por declaraciones de progreso de la libertad individual.

Pero la consecuencia no declarada, aunque sea ya evidente, es otra: estamos ante el enésimo capítulo de la lucha de los hombres para poner a las mujeres en su sitio, para marginarlas, para excluirlas. Llegando a excluirlas de la cosa más importante de todas: la procreación de un ser humano. Quizás su sueño de siempre.

Lucetta Scaraffia