Con los pies descalzos

2017-11-29 L’Osservatore Romano

Peregrino de paz con los pies descalzos, en el corazón de una jornada caracterizada por una agenda llena de compromisos, Francisco rindió homenaje a la cultura de Myanmar dirigiéndose al Kaba Aye Center de Rangún para encontrarse con los monjes del comité del «sangha», es decir la más alta institución estatal del clero de los discípulos de Buda.

En la tarde del miércoles 29, desde el arzobispado se dirigió en automóvil hacia uno de los lugares símbolo del budismo de tradición theravada, que surge en el complejo universitario Pariyatti Sasana, porque para la mayor parte de la población la identidad cultural coincide con la pertenencia religiosa. Se trata de uno de los templos más frecuentados de Asia oriental, dominado por la «pagoda de la paz mundial» de 36 metros de alto, caracterizada por una cúpula de hojas de oro de capas superpuestas, sujetada por seis pilares: número de significativo valor simbólico en cuanto que evoca los seis consejos del budismo, el último de los cuales se desarrolló precisamente aquí de 1954 a 1956. Por eso, cada año miles de peregrinos vienen a meditar e invocar a los espíritus guía, llevando como signo de veneración comida para los peces gato que están en el lago, incensando las estatuas, depositando ofrenda de frutas y flores, tocando campanas.

A la entrada de la sala donde tuvo lugar el encuentro, una alfombra y un cartel rojos con un escrito en inglés para dar una calurosa bienvenida a «Su Santidad Papa Francisco». Acogido en el atrio por el ministro para los Asuntos religiosos y la cultura, Thura U Aung Ko, Francisco, antes de entrar, se quitó los zapatos como signo de respeto por la sacralidad del lugar. Y caminando tan solo con los calcetines negros llegó donde le esperaban los austeros monjes. Unos quince hombres, la mayoría ancianos, de rosto hundido, cabeza rapada y las largas túnicas granates o naranjas. Descalzos, con una mano sujetaban abanicos redondos apoyados en el pecho.

Después de los discursos oficiales del alto representante de los monjes, el venerable Bhaddanta Kumarabhivamsa, y del Pontífice, tuvo lugar el intercambio de regalos y las fotos de recuerdo.

El Papa dejó al presidente del comité “sangha” una escultura en magnesio — material utilizado en la industria aeronáutica — que se inspira en la corriente artística futurista: representa una paloma de la paz, valor al que Francisco hizo referencia en sus palabras en las que deseó amistad y respeto entre budistas y católicos, llamando a un común testimonio contra las injusticias y la defensa de la dignidad humana. Y al respecto el Pontífice sugirió también los modelos de referencia, acercando las figuras de Buda y de san Francisco de Asís.

de nuestro enviado Gianluca Biccini