Avemaría africana

2017-08-09 L’Osservatore Romano

Serán veinticinco estudiantes universitarios de Abuja, presentes en el aula Pablo VI, los primeros en testimoniar al pueblo de Nigeria el dolor del Papa Francisco por la masacre que tuvo lugar el domingo en una iglesia de Ozubulu. Profundamente conmovidos por el llamamiento del Pontífice, ahora relanzarán sus palabras de esperanza para que «cese todo tipo de odio y de violencia y no se repitan más crímenes tan vergonzosos», acompañándole, como hizo Francisco, con las palabras del Avemaría, también por las víctimas de las violencias en República Centroafricana. «Nuestros estudios van precisamente en esta dirección opuesta a toda violencia — explican los jóvenes de la universidad católica Veritas — porque tratan de aplicar los valores cristianos a la vida social y económica de nuestra Nigeria».

Para hablar a Francisco de su compromiso «en primera línea» en los puntos calientes del mundo, participaron en la audiencia las cuarenta misioneras claretianas en Roma para el capítulo general. Guiadas por la superiora sor María Soledad Galerón Gutierréz, las religiosas no olvidan ser parte de una congregación fundada en Cuba «para la educación de los jóvenes»: hoy continúan dando vida a un apostolado sin temor de afrontar con el diálogo las cuestiones más complejas. Un estilo, el de no retroceder antes los desafíos «imposibles», que articula también la cotidianidad de padres que han elegido acoger a sus hijos no obstante fueron informados de gravísimas discapacidades. Para presentar al Pontífice algunas de estas historias fue Elisabetta, madre del «pequeño guerrero Francisco», como lo llama afectuosamente junto al marido Doriano. «Francisco, un nombre elegido no por casualidad, ha luchado con todas sus fuerzas para poder vivir» cuenta la pareja que vive en Recanati. «En el quinto mes de embarazo los médicos vieron una gravísima patología cerebral, con la perspectiva de que moriría antes de nacer o poco después de dar a luz, o viviría como un vegetal». A pesar de «tener a todos en contra para asustarnos — confían Elisabetta y Doriano — no quisimos abortar: no era un problema que eliminar sino un hijo». Hoy «muchos niños son descartados cada día — denuncia Elisabetta — tirados a la basura apenas se diagnostica un problema, incluso banal».