Audiencia a los directivos de la Liga Nacional Profesional Serie A y a los equipos de fútbol Juventus y Lazio

A las 10:30 de esta mañana en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia a los directivos de la Liga Nacional Profesional de la Serie A  junto con los directivos y jugadores de los equipos Juventus y Lazio.

Publicamos a continuación las palabras de saludo que el Papa ha dirigido a los presentes:

Saludo del Santo Padre

Queridos amigos:

Tengo el placer de encontrarme con vosotros en vísperas de la final de la "Copa de Italia". Doy las gracias al Presidente de la Federación Italiana  de Fútbol por sus amables palabras y felicito a los dos equipos, Juventus y Lazio, que, además de conseguir excelentes resultados, son muy queridos por los aficionados. Esto os compromete todavía más a  dar testimonio de los verdaderos valores del deporte.

Por ello, deseo reiterar brevemente con vosotros  la importancia del deporte en nuestro tiempo. Teniendo en cuenta la fascinación  y los reflejos del fútbol profesional sobre  las personas, especialmente sobre los jóvenes,  vuestra responsabilidad es muy grande. Los que son considerados "campeones" fácilmente se convierten en figuras de referencia. Por eso cada competición es una prueba de equilibrio, de autocontrol, de observancia de las normas. Aquel  que con su comportamiento sabe dar prueba de todo ello se convierte en un ejemplo para sus admiradores. Es lo  que  deseo a cada uno de vosotros: que seáis  testigos de lealtad, de honestidad, de armonía y de humanidad.

Por desgracia, a veces en los estadios, suceden episodios violentos, que perturban el desarrollo sereno de los partidos  y la sana diversión de la gente . Espero que, por cuanto esté en vuestro poder,  contribuyáis a que  la actividad deportiva lo sea de verdad,y  gracias al compromiso personal de todos,  sea también  una fuente de cohesión entre los deportistas y  en la sociedad entera.

Muchas gracias por vuestra visita y os deseo que el partido sea bueno. Invoco sobre vosotros, sobre vuestros familiares y seres queridos  la bendición del Señor. Y os pido  por favor que recéis por mí.